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| Rock Band (9.1) |
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La llegada de Rock Band ha desatado una auténtica guerra de juegos de mímica rockera. Después de una larga temporada de bemanis sólo para iniciados y del breve pero rotundo reinado de Guitar Hero, se recrudece el ambiente...
A estas alturas todo el mundo sabe que la guerra entre Rock Band y Guitar Hero es más bien una guerra entre sus dos principales responsables: Electronic Arts y Activision. Sin bajas civiles (de momento) pero una cantidad pasmosa de millones de dólares en juego, este combate tiene todo tipo de accidentados sucesos en su historia que no vamos a detallar aquí, pero que hacen del conflicto uno de los más sabrosos y reveladores de la industria reciente.
Está Harmonix, desarrolladores del Guitar Hero original y ahora de Rock Band, cambiando de bando súbitamente, ondeando el auténtico espíritu del bemani occidental y definiendo su evolución futura (primero concibiéndolo, luego introduciendo instrumentos accesorios a la guitarra). Y están las respectivas actitudes de Activision y EA dentro y fuera de esta batalla (desde la reciente absorción de Vivendi por Activision y la polémica suspensión de algunos títulos clave al golpe de timón que ha dado EA a su política de lanzamientos reciente, empeñada en abandonar su imagen de tiburón desalmado). Todo influye, en puertas ya del lanzamiento de las nuevas entregas de ambas series, en la futura configuración de estas sagas musicales. Todo ha influído, de hecho, en la respuesta a la pregunta clave: ¿es Rock Band el mejor juego de mímica rockera del momento?
Rocanrol all nite
En el reportaje profusamente ilustrado (¡y cómo!) sobre el juego de nuestro número 183 dimos buena cuenta de las características del juego y de las diferencias esenciales con su inmediato precedente. La gran novedad de la inclusión de voz, batería y bajo, tomando como precedentes los clásicos japoneses DrumMania y Karaoke Stage, lo convierten en el primer simulador de banda de rock completa, y encontramos abundantes virtudes en todas las adiciones. El micrófono coloca a Rock Band más allá de un simple Singstar, de mecánica mucho más elemental, y exige al jugador conocer a fondo la melodía y letras de las canciones. Los temas no puntúan por segundos bien cantados, sino por versos completados, lo que favorece la experimentación, la improvisación y el griterío. El rockstarismo, vamos.
La guitarra, como es lógico por cuestiones de natural evolución técnica y de aprendizaje de errores propios y ajenos, es la más robusta y pesada de todos los juegos de su género. Salvando las distancias, es la primera vez en un juego de este tipo que se tiene la sensación de estar tocando un instrumento real. El nivel de dificultad, eso sí, es considerablemente menor al de los Guitar Hero, especialmente de la tercera entrega, lo que en algunos casos redunda en favor del realismo (¿desde cuándo, por muy Modo Experto que sea, tocar a los Ramones ha exigido un estado de concentración zen?) y en otros, echará atrás a los monstruos del rock que exijan un desafío para titanes.
Como bajista, estoy encantado con la inclusión del instrumento en el juego, aunque hay peros. Por una parte, no hay Modo Historia para él, y solo se pueden interpretar canciones sueltas. Por otra, la Fender del juego no está preparada para los punteos de bajo, lo que convierte los niveles superiores de dificultad en insensateces de dificultad inasequible y, paradójicamente, muy poco similares a la experiencia de tocar un bajo real. La posibilidad, eso sí, de descargar un disco completo como el Doolittle de los Pixies y replicar a Kim Deal en todas sus canciones es una gozada.



