El Basurero
El Basurero: Sabrina
Un juego sobre una tía con los melonezos muy grandes, jugable en un ordenador con las teclas de gominola y que olía siempre a quemado.
2.0
Año 87. Los efebos españoles nos aburríamos frente a la tele mirando la gala de fi n de año en una de las dos únicas cadenas de televisión existentes. De pronto surgió una moza en pantalla. Una moza guarrona. Meneaba sus generosas carnes latinas al ritmo bum-bum del italodisco más genital: braga vaquera, chaquetilla de cuero de politoxicómana y botas de jinetera. La ragazza era italiana, cantaba su tema Hot Girl y, súbitamente, nos la mostró. La teta. El silencio se hizo en todo el país. El realizador repitió el plano hasta la saciedad. Era, inequívocamente, un pezón. Abuelas atragantadas. Padres erectos. Y nuestros inocentes ojos empañados por una mezcla de miedo y emoción. ¡¡Sabrina, io ti amo!! El icono sexual de una generación tuvo su refl ejo en el mundo del videojuego. Un pack de manufactura española que venía con dos cintas: una con la música de la italocochinezza y otra con un juego para Spectrum, de lema «Juega a ser mayor», en el que Sabrina, de camino entre aeropuerto y estudio de televisión, debía abrirse paso a base de tetazos y rodillazos en la entrepierna. Jugabilidad nula, gráficos indescriptibles y mucha, mucha testosterona retenida.