Xbox 360
Aquellos que dedicamos tardes infinitas de nuestra adolescencia a batallar con nuestros ejércitos de plomo de Warhammer sobre manteles de mesa que simulaban ser verdes campos de batalla... llevamos años esperando ver un videojuego que capture tanto la riqueza y carisma del universo creado por Games Workshop como la complejidad táctica de aquellas batallas de seis horas en el salón-comedor. Los intentos de Mindscape (Shadow of the Horned Rat, 1995, Dark Omen, 1998), dadas las limitaciones técnicas de la tecnología 3D, nos dejaron a muchos con una espina clavada que sólo creímos poder aliviar cuando, desde el 2005, Namco Bandai comenzó a editar adaptaciones tanto de Warhammer 40K (Dawn of War) como de Warhammer Fantasy Battle (Mark of Chaos).
Estrategia «casual»
Enfocada al jugador de estrategia más casual, Warhammer: Mark of Chaos ofrecía al jugador de PC, en el año 2006, la hasta ahora más rica adaptación del juego de estrategia con miniaturas de Games Workshop a una pantalla. Este Battle March supone tanto una expansión del anterior (añadiendo dos nuevas razas con sus respectivos Modos de historia, los elfos oscuros y los orcos y goblins) como un espectacular aterrizaje de la franquicia en las plataformas de nueva generación. Resulta encomiable el esfuerzo que han hecho los desarrolladores para trasladar al mando de la Xbox 360 el complejo interfaz de todo un juego de estrategia en tiempo real: tras completar un extenso tutorial éramos capaces de, a golpe de pad, realizar el movimiento de nuestras nutridas tropas de forma fluida y rápida. Incluso el jugador más torpe podrá batirse el cobre, tanto en Modo Historia como a través de Live (con 4 jugadores simultáneos), ya que el juego ofrece un sistema de control alternativo simplificado. Un claro indicativo de a qué tipo de público va dirigido el juego. Y es que en Battle March el peso recae sobre las posibilidades de personalización de nuestros ejércitos y héroes (a los que nutrir de incontables objetos mágicos) por encima de elementos estratégicos, como la gestión de recursos, que ha sido convenientemente eliminada.