Xbox 360
N+
La alta definición está trayendo sorpresas inesperadas. La primera y más radical: lo mejor de la nueva generación no está en el hiperrealismo sino en el hiperestilismo.
9.3
Ya hablamos de ello el mes pasado a propósito del extraordinario Rez HD: cuando un juego tiene un aspecto intemporal (que a nadie le engañen la perspectiva mazmorrista y las dos dimensiones: N+ puede beber de los clásicos, pero sus intenciones, naturaleza y presencia no podían ser más modernos), las mejoras tecnológicas siempre son bienvenidas. Es decir, la esencia y el atractivo de N+ ya estaban en su mayúsculo precedente, esa obra maestra gratuíta en formato flash llamada N, pero ese «+» en el título, que no es más que la llegada de la alta defi nición al aspecto del juego, no desvirtúa la esencia de su propuesta, sino que la disparata.
N+ plantea, muy a lo arcade para computadores de 8 bits, una serie de niveles, de dificultad obvia y progresivamente creciente, llenos de enemigos y posibilidades de muerte súbita (caídas desde gran altura, posiciones aparentemente inaccesibles, trampas de todo tipo), así como rebosantes de monedas que nuestro ninja, tan ágil como avaricioso, debe ir recogiendo antes de activar la salida del nivel. Cuanto más rápido se mueva el esquemático héroe y más oro recoja, mayor puntuación. Suena familiar, ¿verdad? Por supuesto: en cierto sentido, N+ es la máxima potenciación posible de un gameplay compacto, infalible y más que comprobado desde hace décadas.
El secreto del magnético atractivo de N y N+ está en su casi obsesiva gestión de la gravedad y todas las trampas y recompensas que ésta conlleva: saltos que hay que calcular milimétricamente, desafíos físicos que antes de llevar a cabo se es perfectamente consciente de si van a poder hacerse efectivos o no (la gloria de las 2D, amigos), pero que aún así, siguen excitando como si la potencia de salto del ninja fuera diferente en cada nivel. Y los cuidados efectos físicos llevan a un impecable refl ejo en pequeños detalles como la banda en la cabeza del minúsculo héroe, que reacciona a cada movimiento no de forma realista, que no es la intención, sino de forma ultraestética. Con similar mimo están programadas cuestiones derivadas de la fuerza de la gravedad como la inercia, que difi culta extraordinariamente el avance entre las minúsculas plataformas, pero que dota al juego de una personalidad única.
Nivelazo
Y como guinda del pastel, un delicioso diseño de niveles y una curva de difi cultad estudiadísima, y que no se dispara hasta bien avanzado el juego. De los casi 400 niveles que posee N+ (el precedente en fl ash alcanzaba los 500) prácticamente la mitad están centrados en enseñar al jugador a controlar al ninja hasta el movimiento más minúsculo. Cosa que le va a hacer falta, porque los últimos 200 niveles aproximadamente son un auténtico infierno que exigen valor, memoria, estudio de las rutinas de ataque de los enemigos y las posibilidades del ninja (cuánto puede saltar, desde qué altura puede caer) y muchas, miles de muertes.
Repleto de detalles soberbios (como la pequeña nube de polvo que se levanta del suelo cada vez que el ninja cae sobre una superfi cie o los ocasionales destellos de gore inofensivo y brutal), de los cuales el sonido no es de los de menor calidad, N+ juega al minimalismo también de concepto: solo quiere ser un juego de plataformas, pero también quiere ser el mejor de los posibles.
Do it yourself
Si bien la campaña para un solo jugador garantiza unos cuantos días de diversión enfebrecida y crispante, no es nada desdeñable su potente Modo Multijugador para un máximo de cuatro personas y diversas variantes. Juntos se pueden enfrentar a pruebas especiales cooperativas y competitivas o rehacer los niveles para un solo jugador. Los niveles especialmente creados para varios competidores no son simplemente ideas recicladas de la campaña individual pero con más enemigos, sino que están específicamente diseñados para potenciar debilidades, manías, carencias y compañerismo, y exigen un acercamiento alternativo al del solitario Modo principal.
Y como guinda, el potente editor de niveles. Una pena que las mojigatas censura de Microsoft lo convierta en un pálido reflejo de la versión gratuíta, que hace de N en un espectáculo creciente virtualmente infi nito. Un pequeño punto negro que no empaña los logros de N+, quizás junto a Rez HD el mejor juego no clásico de Xbox Live Arcade y, sin lugar a dudas, una de las experiencias de juego más puras, exigentes y perfectas que habitan en el descafeinado panorama actual.