A ver, cómo os digo yo esto... He jugado unas nueve horas a un código de preview de Mass Effect. Nueve horas. Y la trama no ha hecho más que empezar (o eso parece). Las dimensiones de este juego me tienen completamente extasiado y asustado al mismo tiempo. Porque adivino que mi vida real se aproxima a un vórtex de fi cción espacial irresistible y completamente anuladora.
Epopeya espacial
Lo hablaba hace no mucho tiempo con compañeros de redacción: tengo necesidad de una buena dosis de epopeya espacial. Terminé recientemente mi visionado de la defenestrada serie Firefly (con el obligado broche final que supone Serenity), y me quedé con ganas de más. De más ciencia-ficción pop, acción espacial, galaxias lejanas y viajes entre planetas y estaciones dejadas de la mano de dios. Y llegó Mass Effect.
Sobre el papel, el nuevo juego de Bioware ya apuntaba maneras, y de ahí la expectación que ha levantado. El asunto se revela como algo mucho mayor que un Caballeros de la Antigua República hipervitaminado. Para empezar, se trata de una trilogía a la que, en principio, se le añadirán capítulos descargables. Pero es después de jugar un buen rato, en el momento en que recibes el control del Normandy, la que será tu nave, y contemplas el mapa de la galaxia a través de la cual se desarrollará la historia del juego, cuando uno comienza a ser consciente de la titanada casi irresponsable que Bioware está intentando: crear una auténtica gran epopeya espacial, embarcar al jugador en una aventura que se antoje casi inabarcable, sobrehumana... Épica. En mayúsculas.
Las herramientas necesarias para conseguirlo parece que están ahí: un sistema de combate sólido; un guión que se antoja cuidado, complejo y que ofrece sufi cientes variables como para que el jugador se vea arrastrado; un sistema de diálogos y moral sobre el que se sustenta buena parte del guión, que de momento se muestran funcionales y aportando la profundidad y diversidad necesaria; y, como decía antes, un mundo de juego -galaxia, en este caso- desmesurado.
Shepard eres tú
La historia de Mass Effect gira en torno a la inclusión de la humanidad en una alianza interplanetaria de especies alienígenas y las suspicacias que ha (hemos) despertado. El jugador toma el papel del Comandante Shepard, que se verá pronto ante la responsabilidad de perseguir a un individuo que pretende un genocidio interestelar.
Pero, como digo, Bioware quiere arrastrar al jugador dentro de esta historia, y para ello el primer paso es convertirlo en Shepard, si así lo quiere. Mass Effect incluye una herra- mienta de creación de personajes que puede llegar a ser abrumadora a la vista de las opciones de personalización que tiene. No sólo se elige la profesión y el historial del personaje, sino que podemos reconstruir cualquier cara. Y resulta fascinante poder hacerse a uno mismo (o casi) y verse luego protagonizando combates y diálogos.
Por lo demás, Mass Effect se nos presenta como un juego de rol de proporciones absurdas, en el que se puede visitar más de una docena de sistemas diferentes (incluído el Sistema Solar), donde se podrá aterrizar en algunos planetas o satelites, investigar otros y, tal vez, encontrar alguno no cartografiado. Un juego de rol basado en el combate -que esta MASS EFFECT vez se acerca defi nitivamente a la acción en tiempo real, pero con un ojo puesto en el combate por turnos-, el diálogo y la interacción con personajes y miembros del equipo -siguiendo esquemas de Caballeros de la Antigua República pero refi nándolos-, la mejora de los personajes a través de un sistema de subidas de nivel, de momento muy gratifi cante, y la consecución de equipo y mejoras para éste. Y en la búsqueda de una buena dosifi cación y equilibrio entre estas actividades.
En lo jugado hasta ahora hemos participado en batallas a campo abierto y escaramuzas de cantina (con buena respuesta del sistema de combate, en tercera persona y con dos botones que congelan la acción para elegir armas y habilidades de los personajes), nos han involucrado en culebrones diplomáticos y corruptelas políticas, y nos hemos encontrado con decenas de misiones secundarias, algunas mientras viajábamos de planeta en planeta. Y repito: esto no ha hecho más que empezar. Parece el sueño húmedo de cualquier rolero.
Elige ru propia aventura
Nos lo decía Greg Zeschuk en la entrevista del mes pasado: su intención es que el jugador protagonice su propia gran saga espacial y se implique emocionalmente. Más allá de poder recrearse físicamente a sí mismo en el juego, el sistema de diálogo sustituye la simple elección de frases por una más refi nada elección de actitud ante la conversación, que será la que establezca la respuesta o, incluso, acción del personaje durante la misma. Unido a un sistema de moral que irá matizando la perspectiva que éste tenga del mundo, y -veremos si es así- la visión que los personajes tengan de él, el resultado de cada elección conversacional parece que irá variando, en un intento de integrar profundamente al jugador en la ficción.