Umbrella Chronicles parte con una indiscutible ventaja: está condenado al desprecio. Al no adscribirse a la serie nuclear de Resident Evil y, encima, pertenecer con orgullo a un género menor (el shooter sobre railes, variante pobre de los FPS de movimiento libre), no tiene nada que perder. Pero no hay que olvidar un detalle de importancia: Umbrella Chronicles no está desarrollado por un equipo de alquiler. Su productor, Masachika Kawata, estuvo al frente de la versión PS2 de Resident Evil 4. Así que de subproducto, lo justo.
Por eso, Umbrella Chronicles es un juego modesto en sus ambiciones pero contundente en su realización: su repaso a los mejores momentos de la serie está escogido con un gusto impecable, y las adiciones a la historia de Umbrella son sustanciosas. Pero hay más: la limitación de movimientos del jugador, que puede apuntar libremente, pero está obligado a moverse cuando y por donde el juego imponga es una deliciosa manera de devolvernos a las primerísimas entregas de la serie y su estratégico escamoteo de información a golpe de cámara fija. Entonces eran rincones ciegos en las habitaciones y sustos con el cambio de plano, ahora un discurrir por pasillos a la velocidad y con el ritmo que impone Capcom, siempre tan astuta, siempre tan temible.