Donkey Kong Jet Race coloca al famoso monazo (y a familia y conocidos) a los mandos de un vehículo de carreras tan absurdo como exótico: un par de barriles-cohete propulsados por... bananas. Deberemos impulsar el invento por variados e irreverentes escenarios (¿el fondo del mar?) meneando espasmódicamente wiimote y nunchaku. Un sistema que emula lo que originalmente iba a resolverse con los bongos de la Game Cube. El juego fue cancelado entonces, y su reencarnación en la Wii nos deja con la duda de si el resultado habría sido mejor en el cubito azul. Porque el manejo es, cuando menos, problemático. El vehículo circula sobre raíles a velocidad constante, descartando los principales elementos que hacen divertida la conducción. Un juego que no oculta sus limitaciones, pero que tampoco hace grandes esfuerzos para aliviarlas.