El noble arte de repartir estopa tiene en el videojuego su máxima expresión. Uno puede llegar a apreciar una buena ración de hostias plasmada con cierta gracia en celuloide, pero nada como ser uno mismo el que le parte los morros a centenares de macarras sin destrozarse los nudillos. A mediados de los ochenta Renegade (1986), obra de Technos, hizo saltar todas las alarmas: en su versión original japonesa era un juego en el que un jovenzuelo se dedicaba a machacar bandas de abusones a bofetadas. En su traslación occidental, el ambiente escolar japonés dio paso a los barrios marginales, a los punks caricaturescos, y al macarrismo más descarnado que encontraría en los beat’em-ups su segundo hogar. Por supuesto fue un éxito tremebundo en ambos casos, tanto en los salones recreativos como en los hogares con sus múltiples conversiones.
Todo éxito, más allá del videojuego, tiene decenas de réplicas, y en este caso llegó de la mano de la propia Technos un año más tarde, que consiguió dar una vuelta de tuerca más al género. Desde luego, Renegade no era el primer juego de mamporros, pero sí el que inició un subgénero a imitar y expandir, y en aquel momento el alumno aventajado era, sin discusión posible, la saga protagonizada por los hermanos Billy y Jimmy Lee: Double Dragon.
Hermanos al rescate
Tomando la base de Renegade, Double Dragon se abre su propio camino. A patadas, por supuesto. De un escenario breve y contenido pasamos a largos niveles con scroll horizontal: nuestros macarras dan largas caminatas a la vez que zurran a todo bicho viviente con el que se cruzan en escenarios repletos de peligros. Curiosamente, en Double Dragon no hay una distinción demasiado evidente entre los héroes y los villanos, pues ambos comparten una estética similar de chulito de barrio de dibujos animados y, si no estuviesen enfrentados por el secuestro de Marian, seguramente estarían bajo un puente compitiendo por ver quién mea más lejos. De hecho Billy y Jimmy, a su manera, forman su pequeña banda, vistiendo ambos el mismo atuendo aunque variando los colores: con sus muñequeras, sus pantalones ajustados y sus botazas perfectamente podrían formar parte de la banda de Willy, el secuestrador de Marian (aquí se asienta una historia inmortal de gran calado en los beat’em-ups: el caballero de brillante armadura al rescate de la damisela).
Pero de todas las aportaciones al género que pudo hacer Double Dragon, sin duda la más importante es la inclusión del modo para dos jugadores simultáneos, algo que sería una constante en el género a partir de entonces, llegando a expandirlo hasta los seis jugadores simultáneos de beat’em-ups tardíos como el excelente X-Men de Konami (1992). La colaboración entre ambos jugadores se hace efectiva cuando uno de ellos agarra e inmoviliza a un enemigo mientras su compañero le golpea, aunque no está carente de cierta ironía: llegado el final del juego, sólo uno de los hermanos Lee podrá llevarse a la chica, por lo que deberán pelear para decidir quién es el afortunado. Por supuesto lo que piense Marian es lo de menos: éste es un juego de machos con brazos de piedra.
Double Dragon es un juego que deja boquiabierto a cualquier adolescente que se deje caer por un salón recreativo: buenos gráficos, la imponente música de Kazunaka Yamane, algún que otro gruñido sampleado, y una variedad de movimientos sin rival en la época, con el codazo como gran estrella de todas las reyertas. No faltan otros elementos que pasarían a ser canónicos del género: algunos enemigos llevan consigo armas (bates, cuchillos, látigos... ¡incluso explosivos!) que nuestro avatar puede arrebatarles y usar contra ellos. Así mismo, los escenarios pueden contener objetos como barriles, útiles contra aglomeraciones de enemigos. Por último, aunque no fuese tampoco una novedad, encontramos los jefes finales, que se asientan en Double Dragon como un elemento imprescindible para todo beat’em- up que aspire a la excelencia. Technos traza con Double Dragon una línea en el suelo, y a partir de entonces todo el que quiera considerarse digno de ser tenido en cuenta deberá compararse con Double Dragon. Por supuesto, el juego cuenta con numerosas conversiones para prácticamente todos los sistemas, pero hablar de todos ellas ocuparía tres artículos como éste. Cabe destacar la versión para NES, que iniciaría una excelente trilogía para la joya de Nintendo, inspirada por las versiones arcade, pero siguiendo un camino propio al margen de los salones recreativos.
El tiempo de las secuelas
El éxito de Double Dragon propicia la rápida aparición de Double Dragon II: The Revenge (1988), notable secuela que vuelve a arrasar en salones recreativos de todo el mundo. Pocas son las sorpresas que contiene esta segunda parte, aparte de las evidentes mejoras audiovisuales. El cambio más notable se encuentra en un rediseño del sistema de control, desestimando el patada/puñetazo del primer juego a favor del sistema izquierda/derecha de Renegade, cosa que redunda en un estilo de juego algo más rápido. En cuanto a la trama en sí no hay que rescatar a nadie, pues Willy asesina a Marian nada más empezar la partida, por lo que en esta ocasión los hermanos Lee se embarcan en una sangrienta venganza de inesperado desenlace. De nuevo la versión de NES destaca como la mejor, llevando más allá la propuesta del arcade con más niveles, más argumento, y más de todo en general. Seguramente el mejor juego de la saga junto con Double Dragon Advance.
La última entrega de la saga en salones recreativos llega con Double Dragon 3: The Rosetta Stone, un juego que vive de las rentas obtenidas por las dos entregas anteriores y ensucia su legado: gráficos y sonido mediocres para la época (y en según que aspectos inferiores a los de las anteriores entregas), pocas novedades, insufrible repetición de enemigos con la paleta de colores cambiada, y una falta total de originalidad. Como curiosidad se incluye una tienda en la que comprar movimientos, energía o armas... con dinero real, introduciendo más monedas. Un despropósito que sólo se salva, una vez más, en su versión para NES, inferior a Double Dragon II, pero aún así muy disfrutable.
En 1992, ya alejados de los salones recreativos y dejando atrás los 8 bits, aparece la cuarta entrega de Double Dragon en SNES, con el título genérico de Super Double Dragon. A pesar de evidenciarse que el desarrollo no llegó a finalizarse por la bancarrota de Technos, éste resulta ser un juego más que decente, a modo de remake expandido del original, de nuevo con Marian viva y secuestrada. Con un buen apartado audiovisual y jugable, Super Double Dragon destaca sobre todo por su nuevo sistema de combos, que convierte cada enfrentamiento en un evento único gracias a la variedad de movimientos. A pesar de todo, el juego pasó completamente desapercibido. En Japón, lanzado algo más tarde que en el mercado occidental, el juego estaba algo retocado, pero seguía sin ser una versión completa del proyecto inicial que se fue al traste junto con Technos.
En 1994 aparece en SNES y Megadrive (y más tarde en Jaguar) Double Dragon V: The Shadow Falls, un juego de lucha mediocre para su tiempo, sólo apto para fans. Mejor suerte corre Double Dragon (1995) para Neo-Geo. También es un juego de lucha uno-contra-uno, alimentado por el poder de la consola de SNK y un sistema de juego asequible frente a otros juegos que se lanzaban en la época. Sin estar entre los mejores de su tiempo, sí supera con creces a Double Dragon V. En la propia Neo-Geo aparecería Rage of the Dragons (2002), un uno-contra-uno basado en la saga Double Dragon pero sin contar con la licencia oficial, por lo que nombres y personajes varían o son irreconocibles. A pesar de ello, es la mejor de las tres entregas dentro del género de los mamporros competitivos.
El regreso del mito
El último juego de la saga aparece en 2003 en Game Boy Advance, con el título de Double Dragon Advance. De nuevo es una consola de Nintendo la que devuelve la grandeza a la saga, con una conversión del juego original llena de novedades: el doble de niveles, más armas y modos de juego, narrativa a la altura de los tiempos, un renovado sistema de lucha que incluye combos, y un apartado técnico notable. Cuando la saga y Technos parecían completamente muertos, esta última resucita con el nombre de Million y crea el mejor Double Dragon hasta la fecha.
Para el recuerdo quedan experimentos como Battletoads and Double Dragon : The Ultimate Team (1993), un crossover con los sapos de batalla célebres en la época en el que Double Dragon pintaba poco, la horrenda adaptación cinematográfica, la infumable serie de animación, e incluso una miniserie por parte de Marvel. Double Dragon empezó su declive tras la segunda entrega, pero Double Dragon Advance permite soñar, a pesar de la falta de novedades al respecto durante el último lustro, con un futuro digno para los hermanos Lee.