Garth Ennis, guionista de comics, sabía que para hacer interesante al Castigador se precisa mucho humor negro y exagerar la violencia hasta hacerla irreal. Y así se aplicó al juego, con interrogatorios consistentes en sumergir al rival en una pecera de pirañas. Elementos que, por temor a sanción, THQ censuró de forma burda en la versión fi nal, lo que no impidió al juego vender más de dos millones de copias.