Falso
La nostalgia es la absenta de los jugadores. Atesoramos recuerdos de juegos, consolas y compañías, como Sega, con una venda en los ojos que elimina los errores flagrantes contra los que antes despotricábamos. Sí, esa Sega, la misma que fue responsable de torpedear el Mega CD, el add-on de Megadrive que hoy muchos consideran soberbio, pero que se nutría de perezosas conversiones de juegos de la consola.
También estuvo detrás del infame 32X, un producto que lanzó cuando ya se hallaba inmersa en la creación de Saturn. Y Saturn… idolatrada hoy día, su arquitectura era farragosa para crear juegos. La política de «lanzar antes y más caro» fue un bumerán que se estampó contra la compañía. Menos inteligentes fueron las maniobras de traer la consola a Europa escasos meses antes de que llegase PSX, o vetar la distribución de grandes RPGs porque «a los europeos no les gustan». Una vez más la consola fue abandonada a su suerte para centrarse en Dreamcast, un esfuerzo acertado pero tardío. Desde 2001, Sega es third party de voraz capitalismo, que la ha llevado a ser la pionera de los juegos snuff: títulos donde se humilla a grandes personajes (Sonic the Hedgehog, Shenmue Online). ¿Realmente deseamos que Sega vuelva a lanzar una consola?