En 1992 la respuesta de Occidente a Street Fighter asaltó las recreativas. Mortal Kombat era tan espectacular como violento gracias al realismo de sus gráfi cos digitalizados. Pero no fue hasta 1993, con el comienzo de las conversiones domésticas, cuando el senador Lieberman y otros compinches del Congreso americano montaron el taco contra el juego. Con el paso de los años la polémica se ha apagado, al igual que, tristemente, la estrella de la saga.