Resulta curioso. La mayoría de los videojuegos han buscado siempre la mínima excusa argumental para ofrecer un despliegue de diversión, pero todavía siguen pasando por alto los monstruos gigantes, la forma de destrucción defi nitiva.
Desde la primera aparición de King Kong en el film de la RKO de 1993 hasta la versión de Peter Jackson de 2005. O, si entramos en la fantasía dura, en el género de seres gigantes aplastaciudades creado por los japoneses, el Kaiju Eiga, con el emblemático Godzilla a la cabeza. Herederos de épocas oscuras donde el extranjero era una amenaza, al igual que la misteriosa energía atómica. Un caldo de cultivo para la imaginación sin destilar.
Allí tenemos un cajón de sastre con ideas a mansalva: lagartos gigantes fruto de la radiación, sus versiones robóticas, polillas tamaño estadio... Así hasta los excesos de Godzilla: Final Wars del no menos pirotécnico Ryuhei Kitamura, con el plantel completo de monstruos y unos cuantos humanos superpoderosos de propina. ¡Si tiene «videojuego» escrito por los cuatro costados! Pues lamentablemente, poco de este exceso creativo se ha trasladado a las consolas.
El Super-Yo del supermonstruo
Cabría especificar qué se entiende por videojuego con monstruos gigantes. Desde Castlevania hasta Contra, pasando por Devil May Cry o Gears of War, es fácil señalar la presencia de enemigos de tamaño desmesurado, pero eso no valida estos títulos en nuestra clasificación. Es preciso que el monstruo tenga un papel predominante, si no protagonista.
También tiene que haber una sensación de amenaza absoluta si somos quienes nos enfrentamos a dicha criatura, o bien de práctica omnipotencia si encarnamos al ser en cuestión. Finalmente, es preciso que el juego cuente con unos niveles muy elevados de destrucción y despreocupación por el entorno urbano... y también el humano, para qué negarlo. De acuerdo con estos principios, está claro que cualquier juego de Godzilla encaja en esta descripción: desde el tosco Godzilla: Gojira Kun (1985) para MSX hasta el espectacular Godzilla Unleashed (2007) de inminente aparición y que analizamos en este reportaje.
Y en la trayectoria pixelada de este Hijo del Atómo hay de todo y para todos: desde simuladores estratégicos (Super Godzilla para Super- Nintendo) hasta aventuras absurdas (Godzilla: Archipelago Shock de Sega Saturn), pasando por copias de Street Fighter (Godzilla Greatest Battles en SuperNintendo)...
Por el camino, varios ilustres competidores como el arcade Rampage, el clon de Mortal Kombat Primal Rage o el divertidísimo War of the Monsters. Y es con las nuevas tecnologías cuando entendemos qué es lo que fallaba: sólo ahora se nos pueden ofrecer auténticas ciudades que destruir a placer, detallados monstruos de proporciones épicas, miles de humanos que huyen... La verdadera esencia de este género puede ser refl ejada ahora mejor que nunca. Tan sólo falta un título donde veamos la cremallera al tipo que lleva el traje de monstruo. Todo se andará.