En 1999, José Rabadán, de Murcia, mataba a sus padres y hermana con una katana. Diarios de todo el país y Antena 3, en su cúspide sensacionalista, crufi caron al juego al que, en su rigor, califi caron como «una aventura sangrienta donde el protagonista despedaza a sus enemigos con su espada». Se había enfriado el rastro de sangre y morbo del crimen de Alcasser (1992) o los Asesinos del Rol de Madrid (1994), y los medios querían carnaza. El crimen de Rabadán sirvió para estigmatizar a los videojuegos hasta hoy día, gracias a los pazguatos informes de Amnistía Internacional o a rigurosos estudios de ciertas periodistas carpetovetónicas. Pero el dinero manda: los telenoticias son tan hipócritas como para dar una noticia alarmista sobre GTA, Canis Canem Edit o Doom, para a continuación hacer una promoción velada de Playstation 3 o del reciente Scarface.