Falso
Tenía que pasar. En un mundo tan endogámico como el de los video-juegos, los bandos son casi tantos como jugadores: fanáticos de una u otra compañía, defensores de su consola, Pro o FIFA… Y por supuesto, snobs y petulantes que defienden Lo Retro por encima de todo. Son primos hermanos de los críticos de cine más rancios, aquellos que tuercen la nariz si se les saca de Godard, Kiarostami o Kieslowski. Las 3D llegaron a las consolas en el punto álgido de los sprites bidimensionales, cuando sus artesanos habían depurado la técnica de expresar lo inexpresable con cinco píxels. Frente a esto, los polígonos estaban en pañales, blanco fácil para críticas de aquellos que veían retroceder su terruño. Y una vez más, defensores de uno u otro estilo gráfico están equivocados. Los polígonos han evolucionado hasta un punto en que inquieta el siguiente paso, mientras que las 2D reducen su radio a las portátiles.
Pero también hay bastante de verdad en ambos extremos: los gráficos tridimensionales nos ofrecen posibilidades impensables en el scroll lateral de las 2D (en una palabra: Portal), mientras que los sprites viven una segunda juventud gracias a consolas como Nintendo DS, o a maestros del RPG que aprovechan la capacidad de las actuales plataformas para ofrecer lo mejor de ambas visiones.