Reportajes
El caso de Josué Yrion
El extraño caso del telepredicador de lo retro
Cuando mi padre (q.e.p.d.) me veía jugar con el ordenador o la consola se cachondeaba diciéndome si jugaba a matar moros. Mi madre, en cambio, hoy en día sigue diciéndome si juego a matar marcianos. Jugar a matar en todo caso, ya ven.
Siempre existe esa figura superior que cuida por nosotros en lo moral, guardianes de la fe, defensores de lo recto, el brazo fuerte de la virtud. En lo tradicional han sido los hombres santos, los hombres salvos los que siempre nos han cuidado del Mal. En los videojuegos tenemos a Josué Yrion, pastor evangélico siempre a la breva para avisarnos de los peligros satánicos de Disney, de la muñeca Barbie, de la artistilla Xuxa y de lo que él llama los Nintendos, uséase, los videojuegos.
Ante las manipulaciones gubernamentales, la brujería que nos tienta en los videojuegos y las máquinas poseidas por almas en pena, Josué Yrion nos reconforta, nos avisa y nos alerta sobre las atenciones del Maligno. Sobre la saga Resident Evil nos dice que el Mal nos posee, que somos esclavos del Mal, que somos martirizados por el Mal, que servimos al Mal y viviremos en el Mal. Mortal Kombat es uno de los videojuegos más sucios y perversos que el Diablo jamás creó y nos induce al asesinato. Doom nos obliga a descender a las mismas profundidades del Averno para entender el juego.
En los años sesenta Parker Brothers empezó a comercializar un simpático juego de mesa que durante toda la década de los ochenta y mitad de los noventa pudimos ver en cualquier juguetería ibérica. Su nombre: Oui-ja. Y se vendía como un juego. Versiones virtuales de este juego abundan por internet, convirtiéndose en Nintendos.
La próxima vez que sientan fenómenos extraños, voces de ultratumba, consolas que se encienden solas o joysticks que se mueven, no se molesten en llamar a Los Cazafantasmas ni a Íker Jiménez. Llamen a Xtreme.