Wolfenstein 3D (1992) es el lodo primordial de los shooters subjetivos, así como de la polémica en torno al género. Su imaginería nazi impidió su comercialización en Alemania, así como la censura de posteriores conversiones, como la de SNES. Doom (1993) llevó los shooters a su epítome como género, pero su alto índice de gore, violencia e imaginería satánica no podían ser perdonados. Lamentablemente, los críticos tuvieron su premio. El 20 de abril de 1999, Eric Harris y Dylan Klebold irrumpieron armados en la escuela de secundaria de Columbine y acabaron con trece personas. La hipocresía social buscó culpables en el cine (en Diario de un rebelde o Matrix), la cultura gótica, el satanismo, Marilyn Manson... y los videojuegos, dado que Harris y Klebold eran afi cionados a Wolfenstein, creaban sus propios niveles de Doom en su pagina web, e incluso compararon su plan con el juego en su vídeo de despedida. En el reciente crimen de Virginia también se trató de vincular, sin éxito, el hecho luctuoso con los videojuegos. El tercer eje de esta Trinidad del Mal fue Duke Nukem 3D. Pese a no ser más violento que sus predecesores, su pecado fue tocar un tabú mayor, el del sexo, por la presencia de strippers o prostitutas y el carácter misógino de Duke. El juego fue culpado de la masacre que llevó a cabo un desequilibrado en un cine de Brasil, que muchos compararon con el primer nivel de Duke Nukem 3D.