Polémico por su excentricidad jugable, vuelve la saga con seguidores más radicales… a ambos bandos. Super Smash Bros. es una serie tan amada como odiada, donde desde un lado del cuadrilátero se jactan de su sistema de juego más enfocado a un party game y su supuesta simpleza mecánica (dónde los movimientos especiales se realizan al más puro estilo Toshiden, presionando un botón y dirección como mucho) mientras que en el otro extremo se encuentran los defensores de sus parries, tipers, dash cancels y demás parafernalia sólo para los más entregados. En efecto, Smash Bros. es tan profunda o más que sus rivales de género, pese a plantear un esquema jugable inicial radicalmente diferente. Esta tercera y parece ser definitiva edición dirigida por Masahiro Sakurai es una oda a todo el universo Nintendo (la cantidad de guiños es inabarcable, necesitaríamos todas las páginas de la revista para comentar uno por uno) pero realmente se trata de un homenaje a Melee, a todos aquellos que confiaron en él desde un primer día y a cómo casi un sleeper se transformó para muchos el mejor juego del catálogo de la GameCube. Las novedades llegan a palazos: un Modo Historia inimaginable, que reúne a la flora y fauna de la compañía en una historia muda maravillosamente narrada (y con un final extravagante que sólo descifrarán los nintenderos más avispados), nuevas incorporaciones (Pit de Kid Icarus, Wario, King Dedede, Meta Knight, Lucas entre muchas caras conocidas) niveles indescriptibles como la sala de reunión del Pictochat o un escenario divertidísimo inspirado en Wario Ware, y como no podía faltar, un modo on-line a la altura (se terminaron las habladurías y fanfarroneos en el anonimato de los foros). Aún quedan dudas. Realmente la profundidad de Meele no fue descubierta hasta la revolución wave dash (glitch que permitía avanzar por el escenario sin ser golpeado, similar al golpe de efecto «combo» del segundo Street Fighter), por lo que habrá que ver hasta dónde llega Brawl. Se han compensado algunos personajes, aunque siguen existiendo desequilibrios destacables. Persisten los clones que no nos convencieron en su anterior edición y se echan en falta algunos detalles. No obstante, que nadie se alarme: Brawl es lo mejor que ha pasado por Wii en este 2008. No sentará cátedra, pero tampoco lo pretende.