Aunque el videojuego no llegará a las tiendas hasta septiembre, el aluvión de merchandising que rodea a SW: El Poder de la Fuerza ya empieza a estar al alcance de las legiones de seguidores de Star Wars: juguetes, novelas y cómics creados alrededor del Aprendiz Secreto de Darth Vader, un tipo que ya es conocido en la Red como Starkiller (un guiño a los primeros borradores de Star Wars), aunque LucasArts aún no ha desvelado su auténtico nombre. Sus devastadoras habilidades ya son , sin embargo, del dominio público, gracias a los vídeos y las pantallas que lleva filtrando LucasArts desde el pasado E3. Pero, ¿qué tiene este SW: El Poder de la Fuerza para levantar tanta expectación? La respuesta es fácil: en este nuevo videojuego somos los malos. Así de sencillo. Encarnando al Aprendiz de Vader, podremos dar rienda suelta a todos esos poderes con los que nos han estado deslumbrando el Emperador y el resto de la muchachada Sith a lo largo de las pasadas décadas y, para dar forma a esta aventura amoral y destructiva, LucasArts ha fusionado tres tecnologías con resultados, cuanto menos, impresionantes.
DMM, Euphoria y Havoc: casi nada
El germen de El Poder de la Fuerza se remonta al E3 de 2006, cuando LucasArts empezó a hacer demostraciones de las posibilidades que ofrecían las consolas de nueva generación en conjunción con nuevos engines como Euphoria. Las demos de Indiana Jones y los Stormtroopers fueron un coquetuelo avance de lo que nos vamos a encontrar en sólo un par de meses: un cóctel de tres tecnologías licenciadas, cada una de ellas realmente impresionantes en solitario, pero que en perfecta comunión son la repanocha. Ya veréis, ya.
Para empezar, tenemos el motor físico Digital Molecular Matter (DMM para los amigos), obra de Pixelux Entertainment. Su misión: dotar a cada elemento del escenario de las mismas propiedades físicas de su equivalente real. La madera se astilla bajo el peso de un Bull Rancor, el acero se dobla bajo la torsión de la Fuerza... y siempre de manera diferente, como en la vida real. Así, descrito con palabras, no parece nada, pero cuando lo veas en acción te quedarás pasmado.
Euphoria, un viejo conocido de los jugadores de GTA IV, se encarga de gestionar las reacciones y emociones de los Stormtroppers y el resto de enemigos del juego. Utiliza La Fuerza con cualquier fulano, y verás como empieza a gritar como un histérico, mientras se agarra a una barandilla o al camarada que tenga más cercano. Y eso por citar sólo un ejemplo... El tercero en liza es el entrañable Havoc en su última versión, que se encarga de aportar el realismo necesario a la hora de mover objetos con La Fuerza y crear explosiones en cadena, como queda patente en la Factoría de los Tie Fighters, uno de los contados niveles que ha desvelado LucasArts hasta ahora.
El malo… ¿nace o se hace?
Situada cronológicamente entre los Episodios III y IV, Star Wars: El Poder de la Fuerza arranca a lo grande, con el jugador controlando al mismísimo Darth Vader durante una raffia en el hogar de los wookies, el planeta Kashyyyk. Tras dejar patente su pericia con el sable láser y las malvadas artes del Lado Oscuro con los peludos habitantes del villorrio, Vader se enfrenta al Jedi Kento y, en pleno combate, descubre el potencial del hijo de éste, nuestro misterioso «Starkiller». Darth liquida al padre y se lleva al niño para convertirle en su Aprendiz Secreto, a espaldas de Palpatine y el resto del Imperio. Ya crecidito, «Starkiller» se convierte en la mano derecha de Vader y un auténtico cazador de Jedis fugados, viajando a lo largo y ancho de la galaxia a bordo de su nave Rogue Shadow, en compañía de la hermosota Juno Eclipse (piloto, rubia y ceñidita) y el holodroid PROXY, capaz de imitar el aspecto de cualquiera. La necesidad de guardar el secreto sobre su relación con Darth Vader, obliga al Aprendiz a liquidar a todo quisque, rebeldes e imperiales, allá por donde pasa, para regocijo del jugador.
Además de ser un verdadero maestro con el sable láser, «Starkiller» conoce a fondo las artes del Lado Oscuro. Asfixia a distancia a sus enemigos, los lanza por el aire como peleles y es capaz de lanzar rayos con la misma efectividad mostrada por Palpatine en El Retorno del Jedi. Vamos, que va bien sobrado.
Una aventura, distintas versiones
Dada la imposibilidad de trasladar las tecnologías DMM y Euphoria, presentes en PS3 y 360, al resto de consolas, LucasArts ha tenido a bien ofrecer contenido exclusivos para las entregas PS2, PSP y Wii, las tres obra de los australianos Krome Studios. La portátil de Sony cuenta con 5 misiones históricas extraídas de las dos trilogías SW (entre ellas, la posibilidad de encarnar a Vader en el duelo contra Luke, en Vespin) y combates multijugador para cuatro usuarios. PS2 ofrecerá otras 5 misiones exclusivas y la física ragdoll más impresionante jamás vista en la consola de 128 bits (o eso aseguran), mientras que Wii hará realidad el sueño de los freaks de SW: combates 1-on- 1 contra amigos, utilizando el wiimote a modo de sable láser. Cuando regresemos en septiembre ya estaremos en condiciones de ofreceros la review de El Poder de la Fuerza. Paciencia y a tomar el sol, que estáis muy palidos…