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Fire Emblem. Radiant Dawn
Ojos grandes, sudor frío y cuadrículas de las narices.
La mítica saga Fire Emblem llega a la Wii dispuesta a poner las cosas en su sitio: no hay en su inclemente mecánica de estrategia por turnos un sólo hueco para que respire el jugador inexperto. Abuelas adictas a Wii Sports y novias «casuales» harán bien en alejarse de este juego... y abrir hueco a los veteranos de un género que no te suelta una vez te ha enganchado. Fire Emblem Radiant Dawn continúa narrando la belicosa existencia de la práctica totalidad del plantel de personajes de la anterior entrega de la saga, Pool of Radiance (GameCube). Pocas novedades frente a dicho título: idénticas mecánica, presentación e interfaz (que no aprovecha las funcionalidades del wiimote). Mismo poder adictivo, misma profundidad en la línea argumental y, como novedad, una difi cultad altísima, absurda: la muerte de nuestros personajes es frecuente y defi nitiva, dando pie a una pochísima pantalla de Game Over de las que ya no se ven. ¿Clave para el enganche definitivo o pasaporte directo hacia la frustración del jugador? Pronto lo averiguaremos.