Preview
Alone in the dark
Alone in the dark, a un escaso mes de su salida al mercado, sigue alzando más incógnitas de las que realmente desvela.
La inquietante sensación que hormigueaba en nuestra garganta cuando terminamos de probar la beta de Alone in the Dark tenía bastante que ver con la estimable ambientación pagana del juego y con la opresiva sensación de destrucción total y caos descontrolado que respiraban los niveles en los que se distinguían edifi cios y zonas de la Nueva York real... pero también con la inequívoca inseguridad que producía un juego que si cumple todas sus promesas puede revelarse como uno de los juegos más intuitivos y realistas que hemos visto en años, pero que a la vez no es capaz de hacer olvidar la molesta impresión de que a esta beta aún le quedan muchos meses de desarrollo.
Nos explicamos: las secuencias y niveles que contemplamos de Alone in the Dark (a pesar de que todas ellas, entre Leipzig, diversos vídeos y presentaciones, anuncios y webs, nos proporcionaban cierta sensación de déjà vu) son variadas y de cuidada ambientación siniestra. Fundamentada la mayor parte del gameplay en la acción en tercera persona por sótanos tenebrosos y alcantarillados repletos de criaturas de origen desconocido, también controlamos una agradecida y espectacular fase de conducción en la que Nueva York se hace literalmente trizas ante el jugador, que tiene que zigzaguear con un coche por los alrededores de Central Park huyendo de una grieta que crece de tamaño y va partiendo la ciudad en dos. Al estilo de las pruebas de memoria y precisión de la serie Stuntman... pero con muertes auténticas.
Los segmentos de aventura y acción del juego son los más variados y desconcertantes. Da la impresión de que Eden Games ha ido dejando caer en la mecánica de juego todas las ideas que ha sido capaz de recabar en busca de un control y una experiencia de juego altamente realista. Lo que nos preocupa es que si todo ello va a a quedar en el juego fi nal, o bien las piezas encajan a la perfección, o bien el jugador va a tener que cambiar su modo de juego cada tres pasos. Por ejemplo: nos pareció arrebatador el arranque del juego, claustrofóbico e intenso, en el que Carnby es drogado y conducido por varios pasillos. La visión en primera persona se nubla y se pierde la perspectiva, y hay que hacer pestañear al héroe para que la niebla se aclare momentáneamente. ¿Mero gimmick de arranque e indudable impacto, o podemos esperar más limitaciones en diversos momentos del juego para indagar en los misterios de la privación sensorial?
Más adelante, contemplamos cómo Edward Carnby combina varios elementos de su inventario (todos limitados por el tamaño de su chaqueta, a la que se puede acceder en cualquier momento, en una de las ideas visuales más simpáticas e inmersivas del juego) para potenciar armas. Así, mezclando alcohol, cinta adhesiva y un trapo, crea un cóctel molotov; con un encendedor y un bote de aerosol, improvisa un lanzallamas. Y comienzan las dudas: ¿será, de nuevo, un simple guiño limitado a un puñado muy específi co de combinaciones de objetos, o estas combinaciones tendrán un papel realmente efectivo a la hora de solucionar puzzles y liquidar enemigos?
Alone in the Dark promete aún más novedades en control y sistema de juego: cuando se agarra un objeto, los sticks controlan en tiempo real su movimiento. Así, se podrá acercar una viga a una fogata para que prenda y transportar la llama. Pero es que en los combates cuerpo a cuerpo también se moverán las armas a tiempo real y con los sticks, al estilo wiimote.
¿Pinta mal Alone in the Dark ? Ni remotamente: pinta, de hecho, demasiado bien. Cuestiones como la posibilidad de pasar de primera a tercera persona en cualquier momento, los extraordinarios efectos de luz y fuego y las intrigantes innovaciones en los modos de juego nos hacen albergar grandes esperanzas. Esperemos que se cumplan al cien por cien.