Esta la historia de un lanzamiento mundial, de dos viajes para jugar a MGS4 (a Japón y París), de dos páginas de embargos en las que se especificaba todo lo que no os podíamos desvelar (que era bastante) y de cómo Hideo Kojima se ha encargado de spoilear a fondo su propio juego. Bienvenidos a Metal Gear Solid 4, la fastuosa despedida de Solid Snake, y una de las reviews mas complicadas a las que puede enfrentarse un juntaletras como yo. Incluso tras acabarme el juego en dos ocasiones, es complicado desvelar toda su grandeza sin traicionar los compromisos establecidos con Konami ni reventar su mayor virtud: la capacidad para sorprender al jugador con reencuentros con personajes y lugares emblemáticos de la saga, a través de un guión magistral que cierra impecablemente todos los frentes abiertos en MGS2: Sons Of The Liberty y MGS3: Snake Eater.
En la que es la entrega más larga de toda la saga, MGS4: Guns Of The Patriots nos lleva de Oriente Medio a Sudamérica, de Europa a… un lugar donde hace mucho frío. Lo siento, pero me niego a formar parte de esa banda de bastardos que se han encargado de destripar la mayor sorpresa de todo el juego. Kojima tampoco ha ayudado mucho, con su último vídeo viral para internet, pero si tienes la fortuna de no haberlo visto, enhorabuena.Tuya será la satisfacción de descubrir ese lugar por tí mismo, de emocionarte y de comprender la auténtica grandeza que encierra este Blu- Ray, 50GB de capacidad ferozmente aprovechados por Kojima para despedir a lo grande a su personaje más querido, tras 20 años de singladura.
Una aventura crepuscular
Afectado por un extraño envejecimiento precoz, Solid Snake sabe que no le queda mucho de vida, y por eso en esta aventura se deja el pellejo como nunca lo ha hecho hasta la fecha. Llevando al extremo el castizo dicho de «Para lo que me queda en el convento, me cago dentro », Solid fuma como un carretero, se enfrenta a pecho descubierto a los gigantescos GEKKOs de las PMC (las corporaciones militares privadas, comandadas por Liquid Ocelot) y afronta su última aventura con el espíritu de un pimpollo de veinte años, pese a que su organismo triplica esa edad. Esos achaques quedan patentes al andar demasiado tiempo agachado o al permanecer demasiado tiempo bajo las balas enemigos (incluso hay un medidor de estrés). Las inyecciones que le suministra Naomi Hunter (personaje secundario del primer MGS, convertido aquí en uno de los pilares centrales de la historia) conseguirán alargar un poco el salto a la tumba, pero Snake sabe que le queda poco tiempo y tiene mucho que hacer por delante. Como saldar las cuentas pendientes con Liquid Ocelot y Vamp, mientras sobrevive en unos campos de batalla que han cambiado, y mucho, desde lo narrado en MGS2.
Para empezar, la progresiva sofisticación de las nanomáquinas no sólo ha logrado una mayor compenetración entre los soldados, sino una total identificación entre cada arma y su legítimo propietario. Se acabó aquello de coger el arma de un enemigo caido y comenzar a disparar alegremente. Serán chatarra inservible, hasta que entra en acción Drevin, el «limpiador de armas», un comerciante de la muerte, un traficante que hará buenas migas con Snake y que le permitirá desactivar el cerrojo electrónico de cada arma a cambio de «puntos Drevin », que irás añadiendo a tu cuenta a medida que recoges del campo de batalla el armamento de los PMCs y los milicianos. Estos dos bandos, enfrentados en cada uno de los niveles del juego, se encargarán de aportar ese caos bélico que tanto anunciaba Kojima. El jugador puede afrontar el combate de tres maneras distintas: infiltrándose sin llamar la atención en medio del infierno de explosiones y metralla, liándose a tiros con los dos bandos (divertido, aunque arriesgado), o apoyando a los milicianos frente a los PMCs, ganándose su simpatía. La elección es vuestra.
El abuelo tecnológico
Todo lo que Solid Snake ha perdido en lozanía lo ha ganado en tecnología (perdonad la rima fácil). El nuevo traje OctoCamo es una evolución del camuflaje óptico utilizado por el ninja Gray Fox y Otacon en el primer MGS. Gracias a él, Snake puede reproducir el patrón de cualquier superficie sobre la que se apoye, elevando notablemente el porcentaje de camuflaje (una herencia de MGS3). También cuenta con el SolidEye, un parche-visor que le permite distinguir los items desperdigados por el escenario, al tiempo que activa la visión nocturna y los prismáticos. La pega es que consume bastantes baterías, al igual que Metal Gear Mk II, el compadre robótico de Solid, que puede llegar a utilizarse de manera independiente para investigar porciones de mapeado y neutralizar PMCs mediante descargas eléctricas.
La intervención de Drevin consigue hacer realidad el sueño de todos los fans de MGS: munición infinita. Se acabó aquello de quedarse en bragas frente a un jefazo final. En cualquier momento es posible llamar a Drevin, a través de Mk.II, y adquirir munición para las más de setenta clases de armas de la que Solid puede llegar a disponer: desde ametralladoras hasta lanzamisiles.
Y en cuanto a los ítems, nos estaba vetado desvelar los más interesantes, hasta que Kojima (una vez más) se ha encargado de reventar la sorpresa en un reciente evento en San Francisco. Solid Snake va a la batalla equipado con un genuino iPod de Apple, desde el que podrás escuchar melodías de conocidos juegos de Hideo, tras haber recogido los correspondientes ficheros MP3, habilmente escondidos por los escenarios.
La madre de todos los MGS
Apoyándose en la potencia gráfica de PS3 y el margen de maniobra que les permitían los 50GB del formato Blu-Ray, Kojima y su gente se han desatado completamente en esta cuarta entrega. No sólo los escenarios son una absoluta maravilla en la que convive el caos de la batalla con el detalle en edificios, junglas y ríos, sino que el modelado y la animación facial de los personajes (especialmente los femeninos) te dejarán sin aliento. Aquellos que tachan a Hideo Kojima de director de cine frustrado encontrarán nuevos argumentos para ello a través de secuencias largas, tremendamente largas, dotadas en algunos casos de un dramatismo a la altura de la recordada escena de la tortura de MGS3, superadas tan sólo por momentos tan espectaculares como mágicos, en las que se utiliza la pantalla partida para narrar lo que está sucediendo en otros lugares, mientras el jugador se machaca los pulgares con el Dual Shock 3. El sensor del Sixaxis, aunque en un principio sólo tiene la función de «limpiar» el camuflaje del OctoCamo, acaba siendo magistralmente aprovechado con un arma que conseguiremos tras completar el juego la primera vez. Pero eso tendréis que descubrirlo por vosotros mismos, al igual que el resto de grandes sorpresas que depara MGS4, donde abundan las bromas hacia situaciones del primer MGS, y en el que se reivindica a dos personajes profusamente vapuleados por los fans de la saga: Raiden y Johnny Sasaki.
El control y el sistema de cámaras, heredado del MGS3: Subsistence, es impecable, al igual que la mejora en los ataques CQC (ahora es posible cachear a los enemigos hasta en sus lúgares más íntimos), y se le ha incorporado al juego la posibilidad de jugar en primera persona, además de una cámara al hombro que recuerda forzosamente a Gears Of War. Con todos elementos a su favor, la pregunta es evidente: ¿Es MGS4: Guns Of The Patriots la mejor entrega de toda la saga? Para mí, ese lugar sigue estando reservado para MGS3: Subsistence (por la magnitud de sus escenarios, la mecánica de supervivencia, la habilidad para explotar el hardware de PS2 al 110%, el carisma de Boss y sus compañeros de unidad), pero MGS4: Guns Of The Patriots tiene argumentos de peso para conquistar los corazones de los fans, y de cualquier usuario de PS3 en general. Sus gráficos, su jugabilidad, su duración, la calidad de su guión y las incontables sorpresas y guiños que ofrece al mitómano de la franquicia compensan sobradamente la decepción por no verlo doblado al castellano.
Si la saga realmente acaba aquí, es difícil imaginar un final mejor, aunque el propio Hideo Kojima nos deja una puerta abierta… Cuando le preguntamos en París sobre la idea de contar más sobre las vivencias de Big Boss durante los años setenta y ochenta, no le disgustó la idea en absoluto. «Existe mucho que contar antes de MGS» nos dijo. Snake puede haberse jubilado, pero a Kojima aún le quedan muchas balas en la recámara…