Por ejemplo: a los diez minutos de jugar con la (adelantamos: muy, muy primitiva y transitable a duras penas) beta de preview de Dead Head Fred, ya nos habían venido a la mente un puñado de películas que el juego homenajea, más un referente muy obvio: el comic El Bruto (The Goon en versión original), una sublime mezcla de ultraviolencia, caricatura, horror y cultura pulp que Dead Head Fred ha tomado como claro modelo. El Bruto es un gángster de poca monta en los Estados Unidos de La Gran Depresión que tiene que enfrentarse a un gran número de criaturas sobrenaturales, zombis sobre todo.
Dead Head Fred posee la algo más clásica ambientación de los años cincuenta, perfecta para sus ramalazos de ciencia ficción grandiosamente ridícula, pero en todo lo demás es puro Goon: el humor grotesco, los sempiternos zombis, los malvados deformes (echando la vista también, cómo no, a clásicos de los supervillanos contrahechos como Dick Tracy), la parodia multigenérica y el humor bestia.
En lo poco que hemos visto, Dead Head Fred tira a dar en su ecléctica intención de no dejar títere con cabeza. Fred Neuman se llama igual que Alfred E. Neuman, el niño imbécil que hace las veces de mascota de la mítica revista MAD, con la que el juego comparte su humor de traca y su inteligente iconoclastia. El protagonista se puede poner distintas cabezas para llevar a cabo diversas actividades, y cada una parece parodiar un subgénero distinto del Fantástico. Un mad doctor brama cosas como «Mi abuelo fue premio Nobel y lo único que puedo hacer yo es resucitar a los muertos». Y la forma que tiene Fred de camufl arse y confundirse con los vivos es ponerse la cabeza de un maniquí e, impostando unos andares hilarantes, saludar con frases como «Howdy Doody».
Como se puede comprobar, el humor de Dead Head Fred es muy particular, próximo sin duda al de recientes logros de la comedia de horror como el extraordinario Stubbs the Zombie o la serie Destroy All Humans! Con su argumento, no es para menos.
Brain in a glass
Fred Neuman es un detective privado que despierta en una mesa de operaciones. Un plano subjetivo del mareado protagonista nos desvela que su, ahem, cabeza está sumergida en un líquido verde y espeso. Su sorpresa llega cuando descubre que ha sido asesinado por un mafi oso y que de él sólo queda un cerebro en un tarro. Por suerte, un científi co loco ha podido salvar su cuerpo, y Fred decide: a) vengarse; b) recuperar su cabeza; y c) descubrir qué diablos está pasando en su antaño pacífi ca ciudad, que de un tiempo a esta parte está rebosante de muertos vivientes. Y no necesariamente en ese orden.
Para conseguirlo, tiene la capacidad de intercambiar cabezas. Hasta ahora, hemos podido ver una de jíbaro que reduce su cuerpo de tamaño y permite a Fred acceder a zonas minúsculas; un ídolo de aterrador aspecto con el que enfrentarse a los enemigos; la mentada cabeza de plástico, causante de los mayores ataques de risa ante una PSP que recuerda este redactor; y una cabeza de zombi que permite a Fred, atención, absorber gases y otras sustancias para transportarlos de un lado a otro y solucionar los abundantes puzzles que irá encontrando. Nos consta que hay muchas más.
La mecánica de Dead Head Fred, que tiene el título más descriptivo desde Cooking Mama, combina acción y combate (aún no muy pulido, nos tememos: esperamos que los severos problemas de control se solventen, porque tiene ideas tan interesantes como los contraataques en forma de minijuegos que alejan al juego de ser un simple machacabotones), exploración, resolución de puzzles y gestión de recursos para conseguir nuevas cabezas y mejores características. A poco que Vicious Cycle se aplique podemos tener ante nosotros a uno de los juegos más interesantes del catálogo de PSP. El humor nada infantiloide, los diálogos extremadamente sarcásticos, la ambientación de retro post-apocalíptico y el sugerente diseño de personajes (empezando por el propio Fred: sus circunvalaciones cerebrales le dan el pintoresco aspecto de estar constantemente cabreado) ya han hecho que el detective sin cabeza se gane nuestros corazones.