miércoles, 07 de enero de 2009 Buscar

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08/01/2007

JOHN TONES

Viva la fiesta, por John Tones

Presumimos mucho de que Xtreme está recibiendo críticas sumamente positivas por el sencillo hecho de que es cierto. Y estamos muy contentos. Y presumir de lo que es cierto no es presunción. Es falta de decoro, y no nos da ninguna vergüenza nuestra falta de decoro.

Ya me estoy liando.

No sólo estamos recibiendo reacciones positivas. También hay quien se queja del tono sobrado y desafiante de Xtreme. La gente, al parecer ha decidido exigirnos a nosotros el rigor y la compostura que, cáspita, no le exigen a ninguna otra publicación.

Y ya me estoy volviendo a ir por las ramas.

El hecho de que la gente se queje de la falta de seriedad de una revista de videojuegos, de nuestra alegría a la hora de hacer autorreferencias, de la escandalosa y desde luego despreocupada publicitación acerca de nuestra imprescindible presencia en todas las fiestas del sector, denota una actitud vital un poco tristona, pero sobre todo, implica una seriedad mal entendida con respecto a todo lo que rodea a la industria. Me explico: veo comprensible que, a causa de los millones de dólares que mueve el negocio de los videojuegos, haya empresarios, distribuidores, gente que negocia con juegos como podrían negociar con coles de Bruselas, que exhiben trajes caros y cortes de pelo ridículos, y que exigen seriedad y rigor. Seriedad y rigor, para quien no domine la jerga del sector, son notas altas. De esto ya hablaremos otro día. Pero lo respeto: es su trabajo y a eso van.

Lo que me parece sorprendente es que ese mismo discurso lo asimilen los colegas, porque, eh, creía que todos veníamos del mismo estercolero cultural que recibe palos en los programas de cotilleo. La última vez que miré, seguíamos hablando de gusanos gigantes, de rifles de asalto con motosierra incorporada, de piñatas que se aparean, de fontaneros que saltan encima de setas cejijuntas y de imperios galácticos susceptibles de ser reducidos a escombros sólo con un poco de habilidad y una nave con el morro torcido y un minicañón doble. No podemos exigirnos seriedad prusiana y rigor pseudocientífico con estos mimbres. Dejemos a los empresarios del sector que disfracen como quieran las cifras de ventas y la endogamia presupuestaria. Los periodistas que hemos crecido con esto y los usuarios que aún conservan algo de ilusión, divirtámonos. Que de eso se trataba.

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