jueves, 21 de agosto de 2008 Buscar

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Venganza nipona, por Ignacio Selgas

10/01/2008

Ignacio Selgas

Venganza nipona, por Ignacio Selgas

Hace más de sesenta años Japón perdió una guerra. Los sueños de grandeza imperialista se vieron transformados en la pesadilla de la muerte mecánica y la hecatombe nuclear. Sus principales metrópolis quedaron reducidas a páramos devastados. Al país entero no parecía aguardarle otro futuro que alejarse fl otando en el océano y desaparecer poco a poco… Hoy día Japón es uno de los países más ricos del mundo y la primera potencia tecnológica mundial. ¿Cómo lo han logrado? Con el sudor de sus amarillas frentes. La cultura japonesa del esfuerzo y el trabajo no tiene parangón en nuestro occidente de vagos y patosos gaijin. Allí, el sacrifi cio del individuo por el bien común posibilitó un milagro económico que sacó al país del estercolero postnuclear en el que se encontraba.

Como principal productor de videojuegos del mundo, era lógico esperar que tal cultura del trabajo tuviera consecuencias. Existe una abundante cantidad de juegos de factura nipona que hacen del trabajo alienante algo supuestamente divertido. Si Animal Crossing confundía diversión con saneamiento urbano, Lost in Blue 2 convertía al jugador en un pringao que debía cazar, cocinar, limpiar y, de remate, cuidar y mimar a una pánfila tuberculosa que no daba un palo al agua en todo el juego. Pero el ejemplo más sangrante es, posiblemente, el reciente Rune Quest: A fantasy Harvest Moon. Que su desarrolladora, Natsume, tenga como lema «Diversión seria» ya lo dice todo. El juego comienza con el protagonista completamente extenuado. Cuando pide un palo para apoyarse, ¡toma! una azada para trabajar el huerto. Cuando pide un vaso de agua, ¡zaca! una regadera para regar el maizal. ¿Por qué no le dan, directamente, una pistola para que se suicide? Obligados a trabajar de sol a sol, levantándonos invariablemente a las seis de la mañana, caeremos enfermos, nos darán palizas y periódicos tifones devastarán nuestros cultivos.

Nosotros les tiramos una bomba, sí. Pero ellos inventaron el concepto «Diversión seria». Ésta fue su fría, lenta venganza. La venganza nipona.

 

 

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