Johnny Chung Lee es un norteamericano que vive y estudia en Filadelfia. Viste camisas de manga corta, tiene algo de sobrepeso, le peina su madre y usa unas gafas redonditas que sólo se pondría alguien bueno, alguien inofensivo. Sin embargo, este graduado en el Human-Computer Interaction Institute con pinta de jugador de Dragones & Mazmorras le ha partido la cara a una de las compañías más importantes del mundo: Chung Lee ha humillado a Nintendo.
Cuando la última consola de Nintendo no era más que un embrión que habitaba notas de prensa, su nombre no era Wii, sino Revolution: su novedoso interfaz, el wiimote, iba a revolucionar esta industria. El tiempo ha pasado y la Wii es ya una realidad palpable que ha cosechado gran éxito comercial. Sin embargo, muchos sentimos que la tan cacareada revolución no ha llegado todavía. Es muy posible que Nintendo no haya necesitado nunca revolucionar nada para obtener pingües benefi cios: simplemente debía vender esa promesa, esa idea. Los engranajes de esta industria colosal sólo giran cuando los lubrica una buena cantidad de dinero. Las ideas son secundarias.
El wiimote es un dispositivo extraordinario hasta ahora muy poco aprovechado. Ha tenido que ser alguien externo a la industria quien hiciese públicas sus posibilidades. Desde su página Web (http://www.cs.cmu.edu/~johnny/) y a través de YouTube, Lee ha enseñado al mundo cómo cualquiera puede convertir su wiimote en una ventana al futuro: fi jando el dispositivo sobre el televisor y utilizando componentes básicos de electrónica (cinta adhesiva refl ectante y LEDs) Lee ha construido pantallas táctiles en el aire (sí, como las de Minority Report) y ha creado en su televisor una «ilusión realista de espacio y profundidad » que reacciona a sus movimientos frente a la pantalla como lo haría cualquier objeto en la realidad. Una simple inversión emisor-receptor que abre un enorme abanico de posibilidades para el diseño de juegos. ¿Querrá Nintendo aprovecharlas?