En el cine, los videojuegos, de no ser el epicentro de la narración, como sería el caso de películas como, eh..
Corsarios del Chip, suelen ser herramientas para describir personajes. Son un cliché bastante efi caz a la hora de transmitir desorden vital, amistad viril al margen de los adultos y cierto rechazo a la condición femenina.
Un personaje que juega a una consola de videojuegos en una película siempre se encuentra en un punto entre la dejadez y el desarraigo absoluto. Y por mí, no hay problema. Los tópicos son herramientas al servicio del ritmo de la narración, y evolucionan por si mismos.
Ya llegarán al cine las madres que preguntan a sus hijas por su vida sexual mientras juegan al Street Fighter.
Pero me gustaría señalar lo mucho que me gustan los casos, extraños, en los que los videojuegos son algo más que elementos descriptivos. En la serie para Internet
Qué Vida Más Triste (
www.quevidamastriste.com), el
FIFA es la concreción en un punto de todo lo que une y separa a dos amigos, en un universo tan cerrado como enloquecido. En la película Vete de Mí, de
Victor García León, exctamente el mismo videojuego es un vehículo para los fracasos personales de un padre y un hijo, juntos y por separado.
Es un buen punto de partida. Algún día las lágrimas de
Charlize Theron caerán sobre un pad.