sábado, 30 de agosto de 2008 Buscar

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The Zone, por Ignacio Selgas

14/11/2007

Ignacio Selgas

The Zone, por Ignacio Selgas

El mes pasado, una publicidad de Magic the Gathering, esa droga legal en forma de cartas de combate coleccionables, llamó poderosamente mi atención. En una serie de banners animados aparecía mirando a cámara un chaval joven, sobre cuya imagen aparecían sobreimpresos una serie de chascarrillos, ideados para ensalzar el juego de cartas, cuya comicidad giraba en torno a esa bravuconería presuntuosa del que además de jugar y ganar, necesita humillar al contrario. Cosas como «puedo acabar contigo... y con tu madre» o «lame mis bolas de fuego, capullo» se leían en la pantalla sobre el rostro de aquel machito alpha, cuya expresión iba cambiando en muecas progresivamente más burlonas y altivas. La campaña lograba mimetizar el discurso y las formas de su público objetivo: los adolescentes. Concretamente, los adolescentes que juegan.

Y es que ahora el tradicional chulito de sala de billares lo tiene muy fácil para convertirse en todo un matoncete global: los foros de discusión y espacios de exhibición personal permiten al eterno acomplejado ejercer su particular reinado del terror a gran escala. En mis tiempos, si te cagabas en clase, se reían de ti veinte tíos. Ahora, tu diarrea-escopeta puede quedar inmortalizada móvil 3G mediante, y el correspondiente vídeo en YouTube hará tu culo famoso en todo el planeta.

Y entre todos los campos de batalla de egos destaca el juego on-line, que por su propia mecánica exige la eliminación del contrario, convertirse en un gallito castigador, en un... superniñato. ¿Cuántos juegos excelentemente diseñados han visto su modo multijugador arruinado por un público faltón, tramposo y vacilón? Yo ya lo sospechaba, pero cada vez lo tengo más claro: en cada partida de Halo 3 o GoW puede esconderse la versión consolera del efebo del anuncio de Magic. Con su pelito. Con su risita. Y con sus pequeñas bolas de fuego.

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