Ya deberíamos tenerlo claro a estas alturas, pero no es así. De un tiempo a esta parte ha habido una oleada de películas que, bajo la excusa de la simulación del punto de vista, se han hecho eco de los mecanismos más profundos del videojuego. Hablo de ese estilo que se prologó con Holocausto Caníbal, se hizo masivo con The Blair Wich Project y ahora alcanza su éxtasis (y posible defunción) con REC y Cloverfield.
En estas dos películas, producidas al mismo tiempo en el corazón de Hollywood y en un piso en Barcelona, se palpan no sólo las mecánicas más inmediatas del videojuego (son auténticos FPS) sino tradiciones como la estructura en fases, el planteamiento de misiones sucesivas en función de una misión principal, los checkpoints, la presentación exponencial de enemigos, y el final boss. Sin embargo, la prensa más o menos especializada no ha dicho una palabra al respecto.... Sólo nos hablan de la influencia de los videojuegos en el cine cuando hay cesión de licencias de por medio. Cuando es explícita.
Quizá hubiesen dicho algo si el videojuego para PS2 Michigan: Report from Hell hubiese tenido un mínimo de repercusión (cosa improbable, ya que técnicamente es una auténtica ruina: de todos modos su responsable es Suda 51, cuyas andanzas detallamos en nuestro reportaje sobre No More Heroes). En este curioso survival horror interpretamos el papel de un cámara que sigue a una bella periodista a través de un pueblo infestado de criaturas aterradoras. El punto de vista del videojuego es el de la misma cámara, con su indicador de batería restante y todo. ¿El objetivo? Ayudar a la chica en la medida de lo posible, pero, sobre todo, grabar todo lo sangriento o erótico que suceda alrededor. Qué. Cómo se han quedado.