Ya no me queda sarcasmo en la sangre: En la industria del ocio, incluyendo cualquier formato y lenguaje, el mejor objeto a la venta al dia de hoy es la Orange Box. Amo a Valve, adoro todo lo que rodea el esplendoroso universo de Half-Life. Y estoy particularente enamorado de Portal.
Desde su giro sorpresa, entre el Informe de Futurología de Stanislaw Lem y la revelación más lóbrega de Lost, hasta su histórico desenlace musical, sentí que, por primera vez, delante de mis ojos, un discurso fi rme en forma de videojuego me miraba cara a cara, sin necesidad de hacer reverencias a ese niño que la industria sigue empeñada en creer que conservamos vivo y saltarín en nuestro interior. Por una vez, la relación entre el nosotros y nuestro antagonista (¿antagonista en un juego de puzzles?) no está fundamentada en el arquetipo del bien contra el mal, tan útil para los escritores perezosos, sino en otro igual de elemental, pero imprevisto. Les doy una pista: ¿y si las fi chas del Tetris pudiesen romper el fondo del pozo?
Por una vez, un juego sin elementos sexuales (o de un femenino solitario), sin violencia (aquí hay trampa) y descontextualizado, no signifi ca un juego abstracto. Por una vez, adulto signifi ca «maduro». Hablo de esa madurez que no huye ni del horror existencial, ni el aliento poético perverso que envuelve a la tarta y a la incineradora. Señores, con ustedes, la Ciencia Ficción.