Entre los muchos desplantes que se nos lanzan en los foros virtuales por el pecadillo sin importancia de estar más fibrados que nuestra competencia, uno me resulta especialmente chocante: las revistas en papel estamos anticuadas con respecto a las webs sobre videojuegos, donde todo es gratis y la noticias sobre el sector se reflejan de forma inmediata, casi a tiempo real. Ambas cosas son ciertas, y yo añadiría incluso la inefable, constructiva sólo en ocasiones, pero siempre interesante interacción con los lectores.
Yo prefiero, sin embargo, y sin entrar en chulerías propias de cada medio, el papel. Aparte de lo obvio (es decir, la facilidad de conservación, que un día va a petar Internet y vamos a llorar, pero con razón), las revistas tienen una aproximación muy física a la estética de los videojuegos. Me encanta, como a cualquier jugador, la vertiente gráfica de cada título, y las revistas ofrecen instantáneas, momentos de gloria congelados que una web no puede imitar. «Oiga, pues en las webs hay tantas (o más) capturas de los juegos que en una revista». Sí, pero el papel ofrece una tangibilidad, una textura incluso de la que carecen las webs. Acostumbrados nuestros ojos al hipnotizante exceso de brillo bidimensional de los monitores, cada vez que veo una captura en una web le veo el truco a los videojuegos: deslumbran los polígonos, cantan las texturas, el código hace un simbólico calvo en los morros del espectador. En cambio, por algún motivo, la trampa funciona sobre el papel: los colores, más apagados, camuflan las carencias de los juegos; los polígonos se funden con los decorados; la suspensión de la incredulidad, pertinente para hacer que los engranajes de cualquier fantasía giren, funciona con mucha más efectividad. El papel, independientemente de cuestiones gremiales, desprende olor, se palpa y cruje cuando se pasa página. Y en un mundo como éste, en el que construímos mundos virtuales, uno tras otro, sin un triste soporte físico que colocar en nuestras estanterías, las revistas suponen un agradable indicio de imperdurabilidad.