«Luna lunera, cascabelera...» El único satélite natural de nuestro planeta siempre ha sido fuente de inspiración y atracción para las más variadas obras artísticas, y los videojuegos no iban a ser una excepción. La historia de la saga que nos ocupa arranca en 1992, cuando la desarrolladora Game Arts pone a la venta Lunar: The Silver Star para Mega CD en Japón. Pronto se convirtió en el título más popular de este poco afortunado sistema, acaparando los primeros puestos de las listas de ventas. El argumento nos presentaba un mundo llamado Lunar, cuyos habitantes viven en el planeta llamado Silver Star. Sobre sus cabezas brilla otro astro, al que llaman Blue Star, y donde creen que se originó su universo. La diosa Althena, protectora de este mundo, decidió trasladarlos de una estrella a otra para así poder acabar con el malvado Magic Emperor, jefe de un imperio que estuvo a punto de dominar la humanidad. Tras estos antecedentes se presentan los personajes encabezados por Alex, el típico aprendiz de héroe que recorrerá mar y tierra para convertirse en la próxima esperanza de todos sus congéneres, junto con un grupo en el que no puede faltar la chica, el empollón, el joven misterioso y el acompañante no-humano. En este caso, un emblemático felino alado.
Una saga con encanto
Una jugabilidad sencilla, basada en la exploración de bellos entornos y combates por turnos, una espectacularidad comedida, sentido del humor a raudales y otros muchos sentimientos que se muestran a lo largo del desarrollo son algunas de las claves de su éxito. Un par de años después contó con una secuela llamada Lunar: Eternal Blue, que se desarrollaba en el mismo universo pero muchos años después, y con un plantel de personajes diferente, como es natural. No tuvo la misma repercusión, desde luego, pero mejoraba muchos de sus apartados, como la calidad técnica (poco más se podía lograr con un Mega CD) y la duración. Sin embargo, el reconocimiento interna- cional como uno de los más grandes RPG’s de la historia no llegaría hasta 1996, cuando los creadores tuvieron la genial idea de realizar un remake de la primera entrega para Sega Saturn, y más tarde para PlayStation. Gráficos infi nitamente mejores, una nueva banda sonora, escenas de vídeo auténticamente espectaculares... Aunque sin duda, parte de su descomunal éxito en los Estados Unidos la tuvo la edición que comercializó allí Working Designs, especialistas en rodear a los juegos que distribuían de todo tipo de material adicional presentado lujosamente. Lo mismo ocurrió con la segunda entrega; también tuvo el consiguiente remake, obteniendo el mismo éxito. La siguiente aparición de la saga se hizo esperar hasta 2001, cuando la portátil GBA tuvo el placer de acoger una nueva adaptación de Silver Star. La serie se cierra, por ahora, con un nuevo capítulo original aparecido en DS hace un par de años, y que recibió el título de Lunar: Dragon Song. Lamentablemente, no estuvo a la altura de sus predecesores.
Las diferencias
El juego original utilizaba el mayor poder de almacenamiento de Mega CD para pesentar unas espectaculares (para la fecha) secuencias de vídeo. Más tarde, con el remake para PSone, se realizaron de nuevo con una calidad más cercana al anime.
Ll mejor y lo peor
Sin duda alguna el momento más recordado de toda la saga es cuando Luna canta su bella canción en el barco que lleva a los protagonistas lejos de su pueblo natal en Lunar: The Silver Star. Por contra, lo que todos querríamos olvidar es la entrega para Nintendo DS por su escasa calidad.
Las Bromides
The Elf, nuestro venerado y veterano director (sobre todo en esto de lidiar con RPG’s), aún recuerda los bellos momentos que pasó buscando a estas alegres chicas en los dos juegos para PSone. Se trataba de una especie de extra oculto que aparecía al realizar diferentes acciones, como hablar con determinados personajes. Unas bonitas ilustraciones de féminas que podían ser contempladas más tarde en una especie de «slide show» acompañadas de una graciosa melodía. Ay, es que estos nipones ven erotismo en todas partes, con lo recatadas que eran las chiquillas de Lunar...