Los creadores de GTCH, lejos de hacer una turbia y perezosa maniobra de márketing de garrafa, han optado por una adaptación fi el hasta lo religioso de Pac-Man, pero no del personaje, sino de la mecánica del juego original, su grado de abstracción, el rigor de sus reglas. En suma, del mito. Los creadores lo dejan bien claro en la promoción del juego «PAC-MAN ya tiene un mundo a sus pies». En efecto, el mapeado es el más grande que nos hayamos topado jamás en cualquier juego de cualquier género. Pero en él no hay más que pasillos con puntos, píldoras mágicas, frutas y fantasmas. Hay zonas más espaciadas, otras más intrincadas. Hay áreas infestadas de fantasmas y otras en las que puedes llegar a estar treinta minutos reales sin toparte con ninguno. De vez en cuando aparece Ms Pacman encomendándote una misión... que siempre es la misma: Come más puntos y frutas. Y también merece la pena mencionar otra innovación respecto al videojuego original: Las tiendas en las que el personaje puede canjear puntos por incrementos de poder. El asunto es que, tengas la puntuación que tengas, lo único que puedes adquirir es la capacidad para ser tú el que se coma a los fantasmas durante unos pocos segundos. Los creadores declararon que es posible encontrar una pistola escondida, una vez te lo has comido
TODO. Nadie lo sabe a ciencia cierta porque nadie ha llegado hasta ese punto. Hay un vídeo en youtube en el que vemos a PAC-MAN, en un escenario completamente limpio sacando su pistola (una idea interesante: siempre la ha llevado encima) y apuntándose a la sien con una carcajada amarga. Podría ser un fake. Nunca lo sabremos.
LO MEJOR: La reverencia ante la fórmula primigenia.
LO PEOR: Abiertamente depresivo.