lunes, 13 de octubre de 2008 Buscar

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Confesiones de un casual: Mirando hacia atrás con estupor

03/07/2008

Nacho Vigalondo

Confesiones de un casual: Mirando hacia atrás con estupor

Los FPS dibujan estados mentales con una cualidad específi ca que sólo la primera persona puede ofrecer. A través del seguimiento de ese rail disimulado, pero que siempre, siempre, acaba siendo una embellecida y dramatizada línea entre dos puntos.

Pero también lo hacen cuando la tramoya salta a la vista. No me refiero a los muros invisible, sino al desmoronamiento de todos los resortes al salirnos del raíl o desandar el camino.

Hasta en el más perfecto juego sucede: sin darnos cuenta, nos hemos desviado de la ruta prevista, incluso dando un inocente giro de ciento ochenta grados y avanzando, sin querer, en sentido contrario. Podemos estar en mitad de un campo de batalla, o en lo alto de un rascacielos a punto de caerse a pedazos y, tras dos recodos erróneos, nos topamos con... la paz. Nuestros amigos han desaparecido. El ejército enemigo se ha esfumado. Las balas han dejado de silbar y dejamos de escuchar gritos. El suelo deja de temblar. El tiempo se detiene. Estamos solos.

Cuando nos damos cuenta de que la espera no nos saca de nada, intentamos volver al camino de trampas y enemigos, generando una paradoja: no volveremos a sentirnos seguros hasta que recibamos un nuevo ataque.

Habremos dejado atrás la fantásmagórica verdad de una realidad que, por un momento, ha dejado de pasar. El soldado tiene, frente a sí, la batalla, y a sus espaldas... el domingo.

 

 

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