Salió anteayer en la cena, (qué sería de las columnas sin las cenas): a veces no somos conscientes de hasta qué punto es estremecedor, para bien o para mal, que una tecnología tan reveladora como la del dichoso mando de la Wii haya nacido en forma de interfaz de consola de videojuegos. No es de extrañar que en Youtube podamos encontrar cientos de vídeos de usuarios ansiosos mostrándonos el desmantelamiento y posterior reinvención del mando como herramienta para el diseño 3D, la composición músical, o como punto de partida para fabricar teclados invisibles o proyecciones de luz sobre las que podemos escribir. Que los videojuegos, y no el ejército (que, en otras cenas ya nos lo dijeron, fue el origen de Internet), hayan sido el impulso primero de una tecnología como ésta debería hacernos pensar en cuál es el techo para el crecimiento de esta industria.
Vamos a especular. Dicen que para el 2030 se prevé la aparición del primer procesador cuya inteligencia sea equiparable a la humana (fuente: la misma cena). El escenario que nos estamos planteando sugiere que el primer ser inteligente artifi cial será una consola de videojuegos, tras un contrato a puerta cerrada de proporciones bíblicas. Y después, ¿qué¿. ¿Se imaginan a una consola negándose a ejecutar juegos más estúpidos que ella misma? ¿Cuántas compañías quebrarían?