La Marcha de los Minis, más que una secuela, es una reformulación. Mamando del estilo gráfi co de aquel extraordinario Donkey Kong para GameBoy y de la también excelente primera entrega de Mario Vs. Donkey Kong, deja de lado la inventiva exigencia de buenos refl ejos y el malvado genio en el diseño de niveles de ambos para ofrecer pruebas de puzzles y plataformas que se controlan íntegramente a través de la pantalla táctil. Lo cual implica, por tanto, una rebaja en la dosis de cálculo de distancias y precisión en los saltos para introducir suaves dosis de reflexión.
En esta ocasión, Mario no intenta rescatar a sus Minis (fontaneritos clónicos, robóticos e inconscientes), sino que son los propios Minis los que tienen que superar los innumerables obstáculos de cada nivel. Deteniéndolos, poniéndolos en marcha y haciéndolos saltar con la única ayuda del stylus, la dinámica del juego se presenta sencilla y relativamente calmada. Demasiado calmada a veces: el desafío, en la mayoría de los niveles, es conseguir que los Minis salgan en el orden correcto, recojan todos los items y desfi len por la salida lo más rápido posible. Es decir, lo que exige cierto esfuerzo (y tampoco demasiado) es hacerlo perfecto, no hacerlo simplemente bien. La Marcha de los Minis es demasiado sencillo, demasiado simple y demasiado breve para quienes disfrutaron del muy desafi ante nivel de dificultad del primer Mario Vs. Donkey Kong.
Aún así, es un juego estupendo: la estética es gloriosamente bella y derrocha color y buen gusto, las escasas cutscenes son sensacionales, el desarrollo está repleto de guiños (efectos sonoros y bandas sonoras robadas a juegos clásicos de Mario, un tramo final inspirado en el Donkey Kong clásico), y el editor de niveles y la posibilidad de compartirlos vía wi-fi da un empujón a la vida del juego. Pero si necesitas un desafío constante y más cerebral, tendrás que buscarlo en otros puzzles.
CONCLUYENDO
Como título independiente, Mario Vs. Donkey Kong 2 es estupendo. Tiene color, ritmo y una estética bidimensional mucho más simpática que la de tantos Marios poligonales. Pero es una secuela, y sus logros se resienten de laa comparación con sus extraordinarios antecesores. Aún así, un puzzle simpático, atractivo y con ocasionales rasgos de genio.