Voyeurismo
El morbo que el jugador extrae de cualquier título reside en su condición de observador todopoderoso. No solo puede alterar la acción, sino que puede aislarse de ella e incluso desvincularse de la misma, dada su condición de persona externa. Pero esto no le hace invulnerable: en Silent Hill: The Room, el juego se reía del jugador al ofrecerle una pared, con un agujero, por el que espiar a su atractiva vecina.
Amaurofilia
Extraño pero selecto goce obtenido por medio de la privación sensorial, ya de por sí limitada en los juegos. De ahí que pocos quieran compartir las virtudes de Enemy Zero (Saturn).
Apodisofilia
Atavismo erótico que impulsa a desnudar del todo al protagonista u otros personajes, por ejemplo en editores de vestuario (Soul Calibur 3) o bien a enemigos que yacen en el suelo (Oblivion).
Faunoifilia
Solaz obtenido con la búsqueda, emparejamiento y cruce de especies, como evidencia la saga Pokemon, Viva Piñata o Animal Crossing.
Mecafilia
Interés sensual por máquinas, robots y androides. Es una tendencia minoritaria e incomprendida, generadora de reductos como la serie Armored Core y sus cruces entre especies mecánicas.
Fornifilia
Desintegración de la persona, que pasa a ser encarnada por un objeto de propiedades cada vez más competitivas: los juegos de carreras y en particular los de tuning (Need for Speed Underground) retoman la obsesión del macho por hacer de su vehículo una prolongación de sus atributos.
Dendrofilia
Fetichismo con grandes árboles y vegetales. Consultar a Miyamoto (Ocarina of Time) o a Molyneux (Fable).