viernes, 04 de julio de 2008 Buscar

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Los momentos más sucios de Magna Cum Laude

Los momentos más sucios de Magna Cum Laude

1. MONO PAJILLERO
Leopoldo, inquilino de una de las jaulas del laboratorio, está enamorado de la profe Beatriz. Y lo demuestra ardientemente…

2. HADA DEL PORNO
Tu aliado en esta aventura, tiene el rostro de Ron Jeremy, la legendaria y barrigona estrella porno.

3. LARRY, EL VOYEUR
Agujero en la pared de las duchas de la hermandad femenina + animadoras duchándose. ¿Recordáis la película Porky’s?

4. CONCURSO CAMISETAS MOJADAS
¿Necesitas más explicación?

5. BUKKAKAS
Así se llama la fuente del Distrito Griego: cuatro surtidores en forma de «pimiento» salpican el rostro de una doncella de piedra.

6. MANDINGO’S
Tienda de ropa para caballeros superdotados. El escaparate da escalofríos.

7. CINE PORNO
Algunas de las pelis que anuncian: «Abiertas Hasta el Amanecer », «Los Pichapiedra»….

8. EROTISMO GAY
Por encargo del portero de Titty City, Larry debe fotografi ar el paquete y el culo del maciste Helmut.

9. MINIJUEGO DE AZOTES
Nada sutil mezcla de sado y striptease.

10. SPARTACUS
Disco gay con tienda de juguetitos. Tiene un agujero en la pared que da al W.C. del bar Lefty’s (en el que los parroquianos meten la berenjena sin sospechar quién rumia al otro lado).

11. TITTY CITY
Garito de striptease. Selena te hará tres bailecitos con la música de Mötley Crüe.

12. OSO CON ARNÉS
La tímida Ione decidirá volverse lesbiana tras trajinarse, sin saberlo, a su adorado osito de peluche.

13. LESBIAN NIGHTS
Númerito musical, homenaje a Grease, en el que la novia de Ione pregunta si su porra de plástico se puede lavar en friegaplatos.

16. BANCO DE SEMEN
Boutique de Esperma del Capitán Salido. Ofrece el minijuego Pajilleros, un Pong muy sucio en el que tus aciertos harán crecer el cimbel de la pantalla.

17. MASCOTA CACHONDA
Harriet se lo hace con Larry mientras éste va disfrazado de Pichirri, la mascota del campus. Indescriptible.

18. TODAS DESNUDAS
Por 269 tokens, tio Larry eliminará el pudor de las chicas. Ninguna va teñida.

19. A MI ME DABAN DOS
Entre todos los himeneos del juego, el más grafi co de todos, el de Larry con Barbara Jo y su hermana gemela, Brigitte.

 

 

Especiales

Leisure Suit Larry

11/07/2007

Stan By

Leisure Suit Larry

Virgen a los cuarenta, con un espantoso traje de polyester pasado de moda, un aliento lamentable y una calva franciscana incipiente. Sí, hablamos del bueno de Larry, Larry Laffer.

A Larry le estaría dando un tabardillo casi que ya si tuviera delante a un par de mozas insinuantes como éstas de nuestra apertura. Lo peor sería, no obstante, que ambas acabarían teniendo alguna extraña fi lia que convertiría la excitación casi adolescente de nuestro protagonista en un ridículo espantoso y algún mal trago memorable. Pero mejor empecemos por el principio.

Del porno blando al humor picante
Quien más y quien menos tiene fichado al ligón impenitente más patético y, a la vez, más entrañable de los videojuegos. Muchos de nosotros lo conocimos con el remake de 1991 de Larry in the Land of the Lounge Lizards (entraremos en detalles enseguida), y seguramente lo hicimos a una edad que hoy escandalizaría a varias asociaciones de ciudadanos de pro y al grueso de los noticiarios televisivos. Larry fue el primer contacto -o uno de los primeros- de un buen número de muchachos con los misterios del sexo y, más importante, con la cara humorística y más patética de la pulsión sexual. Claro que, con poco más de doce años (que es cuando creo que caté el Larry 1 VGA) muchos no entendíamos al cien por cien lo que ocurría en sus juegos. Pero algunas lecciones («si no usas un condón, tu joystick explota», toma enseñanza imborrable sobre sexo seguro) y grandes ratos sí que nos llevamos por delante.

Por supuesto, la serie de Larry estaba dirigida a un público adulto. El famoso sistema de verificación de edad que algunas de sus entregas incorporaba (preguntas sobre actualidad y cultura general que, entendían los programadores, sólo un adulto podría contestar correctamente) respondía a esa intención adulta, y limitaba, en algunos casos, el nivel de guarrería que podía encontrarse en los juegos. A fin de cuentas, Larry nace como versión de un juego casi prehistórico llamado Softporn.

En 1981, Sierra On-Line publicó dicho juego, una aventura conversacional en la que un protagonista anónimo («tú») tenía que apuntarse un tanto con tres chicas diferentes. Softporn -cuya portada presentaba a Roberta Williams, esposa de Ken Williams y cofundadora junto a su marido de Sierra, desnuda en un jacuzzi- fue el proyecto de Chuck Benton como prueba de creación y funcionamiento de bases de datos en un Apple II. Curiosamente, el juego fue un éxito discreto pero notable: Sierra calculó que vendió 20.000 copias, con 100.000 Apple II en el mercado.

Años después, la cúpula de la compañía andaba investigando qué géneros habían sido poco explorados en los videojuegos para tratar de llenar los vacíos. Si la ciencia ficción era uno de ellos –y de ahí nació Space Quest-, Al Lowe estaba interesado en algo más humorístico y adulto, un poco a colación del éxito del juego Leather Goddesses of Phobos, de Infocom. Surgió así la idea de adaptar Softporn a un interface gráfi co y una historia actualizada.

Cuenta la leyenda que Ken Williams hizo el encargo a Al Lowe y que éste, tras estudiar la aventura textual, comentó que era tan añeja que «bien podría vestir un leisure suit» (traje de dos piezas setentero muy pasado de moda en los 80). De ahí surgiría el concepto para Larry. Lo cierto es que el propio Al Lowe cuenta en The Official Book of Leisure Suit Larry (que salió publicado tras la salida de la sexta entrega, en 1993) que, tras decidir que se reharía Softporn manteniendo lo básico, prescindiendo del texto y buscando un argumento y un protagonista que diera coherencia, los brainstorming que siguieron con varios miembros de la casa configuraron quién y cómo sería Larry. Alguien comentó que debería ser «la clase de tipo que llevaría un leisure suit en los 80». Y, de ahí al título. La decisión del nombre y la actitud básica del personaje parece derivar de la de un amigo común de los programadores en Sierra: «el típico que hablaba mucho de sus conquistas pero no se comía una rosca».


Sentando las bases
Larry Laffer nació, pues, en Leisure Suit Larry in the Land of the Lounge Lizards (Lounge Lizards es un término común para referirse, básicamente, a los tipos que frecuentan clubes con la única intención de mojar), en 1987. A final de año entraría en el Top 10 y ganaría el Premio a la Mejor Aventura o Juego de Rol de la Software Publishers Association de ese año. En 1988 y 1989 llegarían dos secuelas al mercado: Leisure Suit Larry Goes Looking for Love (in several wrong places) y Leisure Suit Larry 3: Pasionate Patti in Search of the Pulating Pectorals.

Esta sería la primera trilogía de Larry, la que hacía uso extensivo y muy remarcable de un interfaz de texto (las instrucciones se daban escribiendo la acción a realizar) y, que en principio, Al Lowe dejó cerradísima. En estas tres primeras partes, Lowe ayudó a consolidar un tipo de aventura gráfi ca concreto -el estilo Sierra, con la amenaza constante de la muerte tras acciones erróneas- pero creó también uno propio, marcado por un uso en primer plano del humor, dándole una importancia ineludible a las descripciones zumbonas de escenarios y, por extensión, a la presencia y los comentarios de un narrador puñetero y sarcástico.

El creador de Larry usó brillantemente el interfaz de texto, siendo uno de los mayores logros su uso inteligente siempre al servicio del chascarrillo. El sistema reconocía una gran cantidad de palabras aunque no tuvieran utilidad real en el juego. Era impepinable: cualquier usuario, en un contexto claramente picante, acabaría introduciendo acciones como «tocar teta» o «masturbar». Al Lowe, plenamente consciente de ello, introdujo una cantidad sorprendente de chistes ante estas eventualidades, con clásicos como «Larry, el objetivo del juego es precisamente que dejaras de hacer eso» o «¿Acaso no tienes las manos suficientemente peludas?» al introducir «masturbate » en el interfaz.

Esta trilogía configuraría el núcleo de la personalidad de Larry y la serie entera. Pese al  pequeño altibajo de la segunda entrega, más centrada en el gag per se que en el sexo, Leisure Suit Larry se establecería como una serie de humor guarrindongo y adulto. Lowe fue pronto acusado de chovinista, claro, dado el alto contenido de chistes sobre pollas, perversiones absurdas y el supuesto uso de la mujer como mero objeto sugestivo. Bueno, era de cajón que los dioptrópicos (dioptrópicas, en este caso) de turno cargaran contra un personaje con el objetivo básico, juego tras juego, de echar un polvo cada vez que se presentara la ocasión. Salvando las obvias diferencias de Larry con el mundo real (¿o no, perillanes?), lo cierto es que el pobre Laffer siempre acaba necesitando encontrar el amor.

Vale, esto no sirve a los protestones de turno. Larry encuentra el amor verdadero siempre en una mujer despampanante que le promete -o que él cree que le promete- acrobacias sexuales inimaginables. Pero hay algo maravillosamente lamentable en el personaje: Larry siempre fracasa. Siempre. Larry no solo presume de algo que a duras penas consigue, sino que cuando lo logra, los resultados suelen ser desastrosos. El mejor ejemplo es, seguramente, el comienzo de cada nueva entrega, donde Larry siempre es abandonado, más que por la maldad del género femenino, por su inconsciente incompetencia como amante y como persona. Laffer es, en definitiva, un personaje patético, una satirización del prototipo del macho. Y, lo que es más importante, una caricatura que nos permite en última instancia reirnos de nosotros mismos y la ridiculez innata en nuestras pulsiones sexuales descontroladas y el comportamiento que éstas provocan.

La madurez y la excelencia
Al Lowe
redondeó esa trilogía con una primera entrega excelente, una segunda mediocre y descafeinada, aunque con momentos brillantes, y una tercera en la que el tono guarrón subía notablemente, incluyendo escenas de sexo explícito, tetas alegres y una pasión aún más acentuada por el chiste cerdo (incluso con shows de stand-up comedy completos, con highlights como «¿por qué cruzó el pervertido la carretera? - Porque estaba atascado en el culo del pollo» o «la diferencia entre el sexo oral y el sushi… el arroz»). Y aprendió todo lo necesario para ofrecernos unas entregas siguientes casi perfectas, desmesuradas, cochinas e hilarantes.

Tra una cuarta inexistente (para evitar problemas de continuidad) y una quinta cuyo único mérito fue el salto al VGA, los 256 colores, un interfaz a base de iconos, y unos maravillosos gráfi cos dibujados con estilo cartoon (que brindarían la posibilidad de disfrutar de un bellísimo remake del primer Larry), Lowe parió la que es mi entrega favorita de toda la serie: Larry 6 Shape Up or Split Out! Aquí tenía totalmente tomado el pulso a Larry y su idiosincrasia lamentable, y demuestra auténtica maestría para crear el gag a través del escenario, el puzzle y la sugestión sexual. El periplo de Larry para intentar trajinarse a las nueve bellezas del juego, cada una con su filia particular, dieron resultados insuperables en aquello de usar a Larry como paradigma del patetismo y el fracaso. Quién no recuerda aquella lavativa terrorífica...

Ésta y la séptima entrega -ambientada en un crucero y con mejoras técnicas notablesmerecerían un retroanálisis independiente para el que no tenemos espacio. Baste decir aquí y ahora que si los tres primeros fueron grandes, Larry 6 y 7 fueron la culminación de un personaje y un tipo de humor sin precedentes en el mundo del videojuego. Larry Laffer se convirtió en el Max Estrella de la comedia sexual interactiva, el espejo en el que todos podemos ver un refl ejo entrañable de nuestras pulsiones más vergonzantes y, sí, risibles. Luego llegaría su sobrino, pero esa historia se cuenta ahí arriba.

 

 

 

 

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