El Team Ninja, siempre bajo la seguridad que le proporciona el amparo de Tecmo, sabía muy bien que con Dead or Alive había creado algo con entidad propia, más allá de un juego de lucha tridimensional más, dentro de la miriada de títulos que surgieron tras el ultratécnico Virtua Fighter o el pachanguero Tekken. El Team Ninja había dado con la fórmula mágica, por encima de un sistema de lucha más o menos preciso, más o menos realista, más o menos divertido: protagonistas inigualables. Y con «protagonistas inigualables» no nos referimos a la agradecida presencia de Ryu Hayabusa, sino a la de Kasumi y compañía, todo un ejército de muchachas que, además de saber pelear, resultan agradables a la vista. Con ese factor en mente, el Team Ninja lanza un juego que, con el volleyball playero como coartada, explota al máximo la posibilidad de recrear la vista con las hembras de DOA.
El sustento argumental es exiguo: Zack, el luchador más canalla de Dead or Alive, ganó una fortuna al fi nal de DOA3 y la invirtió en la creación de la isla en la que tiene lugar el juego, un paraíso ¡con casinos! ¡y furc...! ¡y hermosas mujeres! que pasan sus vacaciones forzosas (están allí por un engaño de Zack) entre partidos de volleyball en la playa, compra de complementos de todo tipo y noches en el casino. Con un Beach Volleyball en el título, sería engañoso que el juego no ofreciese una buena experiencia en ese sentido, y Tomonobu Itagaki y compañía se tomaron muchas molestias en cubrir esa parcela competentemente: mirado simplemente como juego de volleyball resulta poco menos que excelente. No es el simulador definitivo sobre ese deporte de domingueros, pero sí aporta sencillez de control (solo sobre nuestro personaje), y una IA a la altura de las circunstancias, tanto por lo que toca a los rivales como a nuestra compañera de equipo, capaz de leer nuestros movimientos y adaptarse a nuestro estilo de juego. Por supuesto, entre pelotazo y pelotazo, el jugador puede salpicar el babero con las vistas que el juego ofrece de las heroínas de DOA: volleyball sí, pero también pechuga en cantidades ingentes, lo que nos lleva a pensar que, con protagonistas genéricos, el juego tal vez hubiese pasado desapercibido. La voz del diablillo que susurra al oído de todo pajero era demasiado tentadora como para ignorarla: no tardó en aparecer un parche que, Xbox modificada mediante, mostraba a las luchadoras con su traje de Eva, algo que Tecmo no tardó en sancionar públicamente.
Completando el volleyball, e incidiendo en el factor chicas, el juego cuenta con una especie de completo simulador de relaciones sociales: al igual que podemos comprar todo tipo de complementos para nuestra jugadora, también podemos comprar regalos para nuestra compañera o el resto de jugadoras, con vistas a formar equipo con ellas a base de ganarnos su simpatía (también funciona al revés: si nos regalan un bañador y no lo usamos, nuestra compañera se enfadará). Conseguir gestionar con efi cacia el tiempo que tenemos para llevar a cabo todas esas acciones, además de diversas posibilidades para simplemente relajarse, como el casino anteriormente mencionado, es uno de los grandes atractivos del juego, y lo que realmente lo convierte en algo adictivo más allá de seguir ganando partidos como en un simple juego deportivo de los miles que inundan las estanterías de los comercios. Porque tampoco podemos negarlo: el gran atractivo de DOA Xtreme Beach Volleyball es precisamente su capacidad para alimentar la vista y la imaginación.