Sólo debido a los oscuros designios de un marketing mal llevado podemos comprender la escasa respuesta del público ante un juego como Stranger’s Wrath, última entrega de la mítica saga de Oddworld que creó Lorne Lanning, una de las estrellas más visibles del sector de los videojuegos. Mezcla de acción y aventura y producto del mismo extremo cuidado puesto en tramas, ambientación y personajes que terminaría alejando a Lorne del desarrollo de software de entretenimiento (para dedicarse a tiempo completo a la creación y dirección de piezas de animación CGI), Stranger’s Wrath es un juego brillante muy por encima de la práctica totalidad de lanzamientos con que nos topamos en este mercado tan complaciente. Consigue, para empezar, una identificación con el personaje que raras veces se logra. El Stranger es un personaje creíble, mitad héroe, mitad villano, un tipo seco y de maneras expeditivas que no entiende de planteamientos morales, sino que obedece únicamente a sus propias necesidades. Un auténtico cazarrecompensas a la manera del Viejo Oeste, que recorre pueblos y aldeas buscando el dinero que necesita para operarse de una misteriosa afección.
Oscuros motivos para liarse a tiros, y oscuras maneras las de este extraño héroe, mezcla de león y chewbacca, con el que los aldeanos (unos geniales pollos antropomórfi cos) mantienen una relación de miedo y respeto. Y extraño también resulta toparse con un juego sin fi suras aparentes como éste, donde todos los aspectos no sólo están cuidados al máximo, sino que aprovechan al cien por cien las posibilidades de la máquina sobre la que se ejecutan. La dirección artística de Stranger’s Wrath, con su cuidado retrato de un viejo oeste invadido por la industrialización, sus hilarantes diálogos, su música y efectos, da la impresión de haberse realizado con un grado de exigencia y atención al detalle poco común en esta industria donde tantas cosas se toleran.
Quizás el mayor problema de Stranger’s Wrath sea precisamente su perfeccionismo: hace demasia- das cosas bien. Su elegante alternancia de la cámara a la visión en primera persona unifi ca de manera natural dos géneros: el de acción en tercera persona, incluyendo ciertos aspectos heredados de los juegos de plataformas, y el FPS. Su diseño de niveles, armas y enemigos incorpora tantos elementos del juego de sigilo al shooter de toda la vida que uno no sabe muy bien a qué está jugando.
Enfrentarse a Stranger’s Wrath esperando encontrarse el clásico «túnel de la bruja» del shooter en primera persona de toda la vida, o el cosechador de mamporros y combos que caracteriza a los juegos de acción en tercera persona, es sin duda la mejor garantía para tener un rápido y deshonroso final. Resulta mucho más inteligente comprender hasta qué punto está cuidado el personaje del cazarrecompensas: como auténticos leones cazadores, deberemos caer sobre nuestros enemigos en incursiones rápidas y salvajes, no sin antes acechar, distraer y separar del grupo a nuestras potenciales víctimas en un juego de presa y cazador que resulta tan satisfactorio como el tiroteo en sí. Un juego demasiado agresivo traerá una muerte implacable: los enemigos, no muy variados, pero brutales y con gran potencia de fuego, nos eliminarán sin problemas si consiguen rodearnos o superarnos en número. Pero un jugador clásico de sigilo tampoco correrá mejor suerte: las técnicas del Stranger, que combina un exótico armamento con contundentes y efectivos ataques cuerpo a cuerpo, no son demasiado útiles para el asesinato selectivo a distancia. Dispondremos de una única arma, una ballesta de doble cargador en la que podremos utilizar diversos tipos de munición de muy diferentes aplicaciones. Las posibles combinaciones de cebos, noqueadores, trampas, aguijoneadores e incapacitantes se multiplican, permiten diferentes aproximaciones a una misma situación. Jugabilidad en estado puro. Que la munición esté compuesta por bichos vivos que deberemos cazar no deja de ser un mero gimmick, pero qué duda cabe de que se trata de algo tremendamente original y carismático que aporta personalidad al mundo y al personaje. Y qué decir de la historia. Su descripción de la industrialización más despiadada, corporativismo vil, explotación de los recursos naturales y opresión del débil no puede estar más de actualidad. Qué lástima que en la realidad no nos comportemos todos un poquito como este Stranger.
Antecesores
Oddworld fue uno de los más carismáticos, ricos y brillantemente conceptualizados mundos jamás vistos en una consola. Abe y Munch conquistaron el corazón de miles de jugadores.