Al juvenil alarido de «Let’s get busy!» con el que arrancaba Hammerin’ Harry, toda una generación de adictos al arcade asimiló ciertas verdades sobre el reparto del capital inmobiliario.Propietarios de empresas de construcción, malos. Obreros japoneses que veían su casa demolida por una mala gestión del espacio de edifi cación, buenos. Solución: a martillazos con el gordo que fuma puros y se lucra con la penuria de la vivienda. Irem, famosos por su saga R-Type, entró en el mundo de los arcades laterales de desarrollo lineal a golpes, diseñando una fauna de currelas perversos que se prolongó en dos curiosas y sabrosas versiones para NES y Game Boy.