viernes, 04 de julio de 2008 Buscar

Retro

Desert Strike... y otras aventuras monohélice

12/03/2008

Mr. Winters

Desert Strike... y otras aventuras monohélice

Helicópteros apache, escenarios inspirados en conflictos reales, supervillanos exóticos y mapas isométricos poblados de enemigos en miniatura. Una de las series míticas de los belicosos años 90 emerge de nuestra cripta para arrearte un misilazo.

Para algunos, recientes aproximaciones a la política desde dentro de un videojuego nos provocan en ocasiones cierta urticaria, cierto malestar por ver como algo «serio» se ve distorsionado, una vez atraviesa el fi ltro de la jugabilidad, hasta convertirse en una especie de broma de mal gusto. En nuestro reciente artículo sobre juegos y política vimos algunos ejemplos. Para algunos sería deseable que el terreno de juego estuviera libre de referencias a conflictos o problemas del mundo real... algo imposible, si consideramos que el juego, como actividad humana, puede refl ejar la peor cara de éste. Y así como la peor cara del ser humano es, sin duda, la guerra, tenemos guerra en los juegos, y juegos de guerra, desde los tiempos de las primeras consolas. Pero pocos títulos han echado sus raíces en el conflicto internacional continuo como los que forman parte de la serie Strike. Desert, Jungle, Urban, Soviet y Nuclear Strike, cinco juegos de idéntica forma y fondo que cosecharon durante los años 90 el beneplácito tanto de la crítica como del mucho público que los disfrutó.

Turismo militar: conflicto continuo
Y es que en cualquiera de los Strike encontramos la misma temática: un villano extranjero (donde «extranjero» signifi ca «no norteamericano ») amenaza la integridad o intereses del mundo (donde «mundo» signifi ca «Estados Unidos») y sólo nosotros podemos evitarlo. Y solos. Si bien en el último título de la saga contaremos con aliados durante ciertas misiones, lo normal en cualquiera de los Strike es que nos encontremos absolutamente solos contra el villano de turno y sus abundantes secuaces. Solos, que no indefensos, pues a bordo de nuestro helicóptero, como un llanero solitario cabalgando un pegaso de metal, defenderemos a golpe de misilazo la libertad y la justicia, el petróleo y el dólar.

Desert Strike (1992) publicado y editado por Electronic Arts para Megadrive y más tarde llevado a Amiga, DOS, SNES, e incluso a las portátiles Game Gear y Game Boy, tiene una premisa argumental indisoluble de la recién terminada Primera Guerra del Golfo: un dictador árabe, el general Kilbaba, apodado «Madman», invade los Emiratos Árabes Unidos y amenaza con comenzar la Tercera Guerra Mundial. Ante tal amenaza, el presidente de los Estados Unidos, velando por la seguridad de todo el planeta, nos encomienda la misión cuasi-sagrada de ¡matarlo! y hacia el desierto que nos mandan a bordo de un AH- 64 Apache, el modelo de helicóptero norteamericano que sólo un año antes del lanzamiento del juego reventaba tanques llenos de iraquíes muy reales.

A tiros con los hijos de Allah
Técnicamente, el juego destaca por presentar una perspectiva isométrica, la única manera en aquel momento de dar al jugador una sensación de tridimensionalidad. Nuestro objetivo era manejar el helicóptero a lo largo de varios capítulos con mapeados diferentes, en cada uno de los cuales deberíamos cumplir un buen número de misiones. Éstas eran todo lo variadas que el formato permitía: destruir un determinado número de enemigos, rescatar o capturar a alguien, etc. Si bien así parece un planteamiento poco estimulante, lo cierto es que el resultado era extremadamente entretenido.

La acción es rápida, la dificultad siempre elevada, está muy bien ajustada y el helicóptero se maneja con sorprendente precisión: aunque no controlamos la altura, el vehículo tiene cierto impulso, incluso una pequeña aceleración. Es posible desplazarse en paralelo, como en los helicópteros reales, y además cuenta con un armamento variado y un garfi o con el que se puede atrapar cosas o gente del suelo. Un manejo sencillo, por tanto, pero desafiante. Los mapas, cuadrados perfectos, están flanqueados por rotundos muros invisibles: si volamos hacia estas fronteras, simplemente chocaremos contra el aire. Bienvenidos a los 16 bits. Sin embargo, a pesar de su edad, Desert Strike ya incluye un concepto revolucionario: el de la exploración libre, limitada por zonas de peligro donde el jugador podría entrar... si quisiera. En todos los juegos de la serie Strike se puede explorar libremente todo el mapa, pero ciertas zonas resultarán muy peligrosas (la potencia de sus enemigos potenciada por cinco) si las visitamos antes de haber cumplido los objetivos anteriores. ¿Sensación de falsa libertad o reto para el jugador más enfermo? Lo cierto es que aquellas Danger Zones recuerdan a las ciudades prohibidas de GTA, sólo «abiertas» tras haber avanzado en el juego.

Amor por las armas
Si bien el primero de los Strike sólo permite volar un helicóptero, ya desde la segunda entrega de la saga, el exitoso Jungle Strike (EA, 1993), es posible manejar diferentes vehículos: una motocicleta, un avión invisible F-117 y un pequeño hovercraft. Los desarrolladores se las apañaban para lograr imprimir a la conducción características propias de cada uno de los vehículos (como la gran aceleración de la moto o la capacidad de deslizamiento del hovercraft). Incluso se hizo posible apearse de helicóptero y realizar ciertas misiones a pie, en el caso de Urban Strike (1994), que es también el último juego de la serie en conservar la interfaz isométrica. Soviet Strike, de 1996, y Nuclear Strike, de 1999, abrazaban un primitivo motor 3D que, si bien conservaba idéntica jugabilidad, eliminaba gran parte del encanto gráfico. En cualquier caso, siempre resulta indispensable administrar con justicia los recursos (munición, gasolina y armadura) que había repartidos por el mapa, algo tan importante como la pericia a la hora de cumplir las misiones, pues muchas veces fracasaríamos por quedarnos sin combustible.

Grandes y divertidos juegos, todos los Strike son difíciles, largos y bien realizados. Su combinación de la muy seria imaginería militar (auténtico «gun porn» de armamento real) con momentos de comedia absurda (ese narco arquetípico, ese presidente Clinton, de característico pelo canoso, entregándote una medalla en el final-falso-de Jungle Strike...). Una guerra en miniatura, en defi nitiva, idealizada y amable.





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