En el año 1992, la revista Muy Interesante publicó un reportaje que, como muchos otros de esta revista, hacía honor al nombre de su cabecera. Trataba sobre el desarrollo de videojuegos y de cómo los redactores habían visitado los laboratorios de I+D de Nintendo y Sega, los dos gigantes del sector. Las ofi cinas de Nintendo mostraban una pulcritud digna de un laboratorio farmacéutico, con todos sus empleados debidamente uniformados y unos sistemas de seguridad dignos de Fort Knox. En Sega, en cambio, la cosa era distinta. Gente con melenas y vaqueros daba rienda suelta a su creatividad entre un caos de papeles, juguetes y monitores de ordenador. Al afortunado periodista que escribió el reportaje le llamó la atención uno de los proyectos de Sega, al parecer «centrado en el mundo del arte». En él se veía a la Gioconda siendo víctima de un sinfín de gags visuales: transformándose en monstruo, viendo como un escalador le subía por el escote, etc… Un año después de leer aquello, en las ofi cinas de Sega España tuve ocasión de descubrir aquel juego para Mega CD. Se llamaba Switch. Y aún no he visto nada igual.
MI LAVADORA ESTÁ PACHUCHA
Switch (conocido en EE.UU. como Panic!) podría defi nirse como una comedia interactiva, una sucesión de gags visuales al estilo de las animaciones de los Monty Python, protagonizadas por un fulano llamado Slap y su perro Stick. Por lo que sabemos gracias a la versión americana del juego (comercializada por Data East con el nombre Panic!), un virus informático ha infectado todas las máquinas del planeta (ordenadores, coches, televisiones, lavadoras), enloqueciéndolas. Sólo un programa llamado Panic! permitirá neutralizar el virus y devolver a las máquinas a la normalidad. El problema es que el programa ha absorbido a su operario, el pobre Slap, y ahora éste tendrá que combatir al virus desde dentro. Switch es algo así como Tron, pero pasado de rosca. Slap y Stick son transportados de una pantalla a otra (y hay nada menos que 126), y en cada una de ellas hay de cuatro a doce interruptores diferentes. El jugador debe pulsar uno de los interruptores y ver qué sucede. La mayoría de los interruptores activan gags visuales, dos te permiten saltar a otra pantalla y otros, en determinados casos, activarán una bomba colocada en algún monumento emblemático del mundo. Si Slap llega a reventarlos todos, el juego se habrá acabado. Os garantizo que después de trece años, sigo encontrándome gags nuevos. Y todos son sencillamente geniales.
EL DELIRIO HECHO CD-ROM
En su odisea, Slap tendrá oportunidad de ver todo tipo de fenómenos extraños: esculturas Moai que caen del cielo, un genio que surge, no de una lámpara mágica, sino de una expendedora de tabaco, brebajes que hacen brotar pechos por todos lados, tormentas que arrojan zurullos en lugar de nieve… Si visualmente Switch es todo un deleite para la vista, el sonido no le va a la zaga. Buena parte de los efectos de sonido son completamente vocales.
UN ITEM DE COLECCIONISTA
Aunque fui testigo de que en Sega España adoraban el juego desde el mismo momento de su lanzamiento en Japón en 1993, el humor escatólogico de Switch y su mecánica poco habitual, hizo imposible su lanzamiento en nuestro país. De hecho, en Estados Unidos acabó siendo comercializado por Data East que tuvo el acierto de adaptarlo al inglés íntegramente, sin omitir ni una sola broma chusca, aunque ello les obligara a catalogarlo con la clasifi cación «T» (Mayores de 13 años). Actualmente, Switch/Panic! es una pieza bastante valorada entre los coleccionistas de MegaCD. No tiene la categoría de un Snatcher o un Final Fight CD, pero es de los pocos juegos que siguen divirtiendo como el primer día. La edición japonesa merece la pena por el manual (que incluye hasta un estereograma), y el idioma no afecta para nada a la mecánica de juego. Y si no encontráis el original de MegaCD, siempre podéis localizar la edición Sega Ages que llegó a aparecer para PlayStation 2.