Uno: experimentar qué se siente al introducir los famosos números en el ordenador de la estación Cisne, con la cuenta atrás y tal. Dos: explorar la estación libremente, cotillear en la ducha, ver el plano bajo la luz negra, etc. Tres: contemplar el imán que voló por los aires. Más allá de eso, Via Domus es un juego desechable: una aventura de ir a A, coger X y volver a B, sin más dificultad que dos o tres puzzles con circuitos eléctricos y los flashbacks, en los que hay que conseguir la foto correcta con trozos de la misma como pistas. Algún detalle simpático, como que el juego se divida en episodios con sus propios créditos y «previously», no salvan una producción descuidada (gráficamente, también) y un diseño anodino. Los diálogos con los personajes tampoco son aliciente (una parodia involuntaria de la propia serie), y el juego aporta poco. Una explotación desapegada, con sólo un objetivo en mente: hacer caja.