No hace falta que venga nadie a decirnos que los videojuegos, en gran medida, son productos pensados por y para hombres. En la mentada institución pública parece, no obstante, que tenían claro desde que les vino la idea del estudio a la cabeza que, a pesar de lo que reza su introducción, su objetivo debía ser gritar alto y claro que los jugadores y, aún más, los creadores de videojuegos, son unos puercos chovinistas. Y vosotras, las que jugáis o también dais forma a este mundo, tenéis bigote, pelacos en las axilas y el anular más largo que el índice. Como Lara Croft, que es « mitad mujer, mitad hombre » porque en su comportamiento « el modelo a seguir es el masculino ». La primera en la frente.
Algunas otras perlas con las que nos han obsequiado en un empeño desbordado de copar los primeros puestos de las humoradas más insensatas de este verano, resalta, por ejemplo, que en la saga Mario Bros . « no hay ninguna opción [...] para que Mario pueda huir cuando se enfrenta con Bowser [...] Ha de mostrarse como un hombre de verdad y luchar ». Impactantes también son las conclusiones sobre los juegos de fútbol, encontrando indicios claros de sexismo en la no representación de las ligas femeninas. Y si nos ponemos a echar un vistazo a la ambientación bélica, nos encontramos con que, o bien « se obvia la existencia de mujeres » ( Call Of Duty ), o que su papel « está ligado sobre todo a funciones sanadoras, redentoras […] El papel tradicionalmente atribuido a las mujeres » (El Señor de los Anillos). De éste, sin embargo, también dice que « resulta curioso cómo omite el papel que las mujeres, históricamente, han tenido en las guerras […] el cuidado de los heridos, el mantenimiento de los hijos ». Entonces, ¿qué es aceptable? ¿Que se las ningunee, que se les atribuya ese papel histórico o que sean activas en términos de acción y por tanto (como Lara Croft y, atención, Juana de Arco) meras masculinizaciones?... Vaya lío.
Leyendo este extenso estudio, lamentablemente, no puede evitarse la sensación de que ha sido escrito a partir de unas concepciones previas (¡machistas por parte de las feministas!) y una moralina que condicionan los resultados hasta cotas absurdas. Por no hablar de esas contradicciones que plagan el texto, que aún no terminanos de encontrarles demasiado sentido y que nos llevan a pensar que, en cuestiones de machismo, mejor hubiera sido no buscar pajas en ojos ajenos, y en su lugar, ir a un buen oculista. ¿Para cuándo un estudio que clame más alto y más claro que los juegos son un resultado creativo, con sus posos de todo tipo, y no un agente educativo?
Cuánta tontuna...
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