viernes, 04 de julio de 2008 Buscar

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    Everything goes boom!

    Everything goes boom!

    Las explosiones de Lost Planet son poesía en movimiento. La culpa la tienen unos cuidadísimos efectos que perfi lan y mejoran todas las escenas de acción. Otro ejemplo son todos los efectos de desenfoque que dan profundidad a los escenarios.

    Los creadores Capcom

    Los creadores Capcom

    Creada nada menos que en 1979 en Osaka, Capcom se ha convertido en un nombre imprescindible dentro de la industria gracias a su concepción directa y salvaje de la emoción virtual. Algunos de sus títulos esenciales: 1942, Megaman, Final Fight, Street Fighter II, Ghosts’N Goblins, Strider, Resident Evil, Devil May Cry, Dead Rising...

    A Fondo

    Lost Planet: extreme condition

    07/12/2006

    John Tones

    Lost Planet: extreme condition

    Podemos decirlo sin miedo a equivocarnos: Capcom es grande de nuevo, después de unos años de trayectoria errática, vuelve a la gloria.

    Aunque en realidad, Capcom nunca se ha ido del todo. Pero hemos sufrido temporadas en las que, salvo recopilatorios de glorias pasadas y alguna secuela de compromiso de Resident Evil o Devil May Cry , se echaba de menos a la grandiosa Capcom que reinó en los ochenta y que reformulaba constantemente el concepto que los jugadores teníamos de «acción arrolladora». Personalmente, me gusta fi jar el inicio de esta nueva etapa de gloria que vive Capcom en los primeros juegos del recientemente aniquilado Clover Studio y el lanzamiento del increíble Resident Evil 4 para GameCube. Desde ahí, hacia arriba con un equilibrio perfecto entre rarezas (Killer 7), más recopilatorios emblemáticos (los de clásicos para PSP), increíbles refritos de clásicos ( Ultimate Ghosts’N Goblins ) y nuevos clásicos instantáneos, como lo están siendo sus juegos exclusivos para Xbox 360. Al increíble Dead Rising se suma este Lost Planet cuya demo de dos niveles lleva unos meses alojada para su descarga gratuita en Xbox Live y del que ahora hemos tenido la oportunidad de jugar a seis niveles completos. Pues bien: nuestras expectativas se han multiplicado. Lost Planet es acción perfecta y demoledora de la de toda la vida, pero aprovechando las posibilidades gráfi cas y la velocidad de gestión de datos que permite la nueva generación.

    Gracias a la preview a la que hemos jugado, hemos averiguado más datos acerca de la historia que vertebra el juego: el planeta del título es prácticamente una tundra helada en el que han intentado instalarse los humanos desde hace mucho tiempo. La persistente presencia de unos agresivos monstruos gigantes, los Akrid, ha impedido durante años que nos instalemos allí, pero la invención de los Vital Suit, una especia de mechas con gran potencia de fuego que pueden plantar cara a los gargantuescos insectos comienza a decantar la balanza a favor de los humanos. El protagonista, Wayne (poseedor de los rasgos faciales del actor coreano Lee Byung- Hun, que los afi cionados al cine oriental conocerán por películas muy premiadas y taquilleras en su país de origen como Joint Security Area o Three Extremes), es un joven amnésico que investiga la muerte de su padre, aniquilado en combate contra los bichos, y la existencia de un artilugio llamado Ojo Verde que podría dar pistas acerca de los primeros pasos de los humanos en el planeta.

    Disparando insectos
    Lost Planet: Extreme Condition es un juego de acción frenética, con caminos bien marcados y pocas bifurcaciones. Avanzar, eliminar a unas decenas de Akrids , seguir avanzando... es tan sencillo como eso, pero a la vez se esfuerza en convencer al jugador de que hay formas y formas de hacer lo mismo de siempre. Por ejemplo, y brillando con luz propia, el aspecto gráfico: las inmensas tundras, desoladas, de inquietante y silenciosa belleza. La eterna nieve y las abundantes tormentas. En contraste, las oscuras cavernas donde se refugian las numerosas especies distintas de los Akrid . También solitarias, pero de otra manera. Ocasionalmente, edificios derruidos que recuerdan que una civilización intentó habitar el lugar. Se podrá entrar en ellos, atravesar los pasillos en ruinas y, a causa del efecto de las tormentas y la nieve, será perfectamente posible (y a veces el único camino) entrar por una puerta y salir por una ventana. Estas zonas descivilizadas recuerdan a películas apocalípticas en versión a ciento veinte bajo cero, como una especie de Doce Monos en la Antártida . En todos estos sitios, y suponemos que en otros que nos quedan por ver, el silencio suele romperse por los constantes tiroteos que propicia Wayne para defenderse de los monstruosos habitantes del planeta y de los Piratas de la Nieve, antiguos colonos del planeta que se están instalando en él por las bravas.

    La ambientación helada da al juego no sólo un aire especial, sino una difi cultrad añadida: la energía vital de Wayne se calibra por la típica barra que desciende cuando somos alcanzados por los enemigos, y por una combinación de vitalidad (que se renueva continuamente) y temperatura (que desciende sin pausa, y a mayor velocidad cuando Wayne es alcanzado). La búsqueda de fuentes de calor se convierte en meta constante, y el disparo a depósitos de combustible ya no sólo es un modo de hacer más daño con menos esfuerzo, sino un modo rápido de evitar la congelación prematura. El armamento de Wayne es poderoso y apropiado para el tamaño de sus enemigos: abundan los bazookas y lanzacohetes, y hemos podido disfrutar de dos clases distintas de explosivos. Esta artillería encuentra un perfecto complemento en un lanzagarfi os muy apropiado para escalar por la nieve y por la roca. Apa- rentemente, esto no facilitará una exploración completamente abierta del entorno, sino que simplemente facilitará el acceso a zonas del camino a las que no lleguemos por nuestro propio pie.

    Y los mechas (más bien Vital Suits o VS). En realidad, era una decisión lógica: hay insectos de un tamaño tan absolutamente demencial que hasta los lanzamisiles se quedan cortos: los VS tienen mayor potencia de fuego, capacidad de vuelo y de transformación en otros vehículos (por ejemplo, una moto de nieve con ametralladora incluida) y, sobre todo, llevan al juego a una escala diez veces más grande de la que sería posible con nuestro héroe a pie. Una decisión que en principio puede antojarse como descabellada, pero que a poco que se piense, acaba revelándose como la única sensata si se quiere respetar la insólita magnitud de los combates.

    Pulido en lo gráfico hasta un extremo pocas veces visto, fluido y trepidante, Lost Planet es un título que cuenta con todas nuestras simpatías: jugabilidad de la vieja escuela para un artefacto que es tecnología punta. Y eso que aún no hemos probado uno de los factores que más va a dar que hablar del juego: hasta 32 jugadores disparándose en la nieve vía Xbox Live. Como bichos.

     

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