En dos cosas acertaron en Ign.com cuando analizaron Jaws: Unleashed el pasado mes de mayo. La primera, en que sólo hay dos acercamientos posibles a él: un visceral rechazo ante un juego defi ciente en algunos aspectos técnicos (demasiado incluso - más al respecto luego), o de sincera admiración y disfrute catártico. Francamente, si te encontraras entre el primer grupo, seguramente la mitad de la revista que tienes entre las manos te parecería una basura, así que hazte un favor y pasa de página.
El otro acierto es la descripción de Jaws como un «Grand Shark Auto». De acuerdo, todo esto no es más que una burda artimaña para robarles el término, pero es que lo describe bastante bien. Y no sólo porque haya una cantidad obscena de acción indiscriminada (que también, claro). Pero empecemos por el principio: Jaws: Unleashed es el juego ofi cial de la película homónima de Steven Spielberg, aquella que rodó a salto de mata y que le sirvió para reventar taquillas y algún que otro corazón de constitución débil.
Lo atrevido, - y precisamente lo que es capaz de catapultarlo hasta la gloria de lo que llamaremos una «serie B del videojuego» -, es que no sigue las pautas de la típica adaptación, copiando la historia original o regurgitando algún prólogo, secuela o trama paralela. Qué demonios, aunque la historia transcurre de nuevo en Amity Island, y uno de los personajes «principales» es el hijo de Brody, ni siquiera respeta el protagonismo humano, ya que coloca al jugador en el otro lado, el del auténtico héroe del fi lm: el tiburón. Lo cual es ya de por sí una agradecida novedad en esto de las adaptaciones, que si quienes adaptaron en el 87 Jaws 4 para NES hubieran considerado, mejor les hubiera ido (que anda que adaptar eso...).
El paso no es ninguna minucia, y convierte a Jaws en una experiencia más que digna. Como un gran tiburón blanco, el jugador puede surcar los mares y disfrutar de plena libertad para sembrar el caos y un poco de justicia natural. Aquí no hay consideraciones morales que tener en cuenta. El Gran Blanco tiene a su disposición una considerable variedad de ataques diferentes, desde combos desbloqueables, al clásico y muy fílmico arrastre de los incautos bañistas por el agua, lanzamientos, saltos; así como una decente variedad de presas: fauna marina (focas, delfi nes, peces martillo), nadadores, socorristas, pescadores, lanchas, barcazas, etc (y sí, pueden arrastrase barcos al fondo, shark pawa!). Esto se refuerza con un amplio mapa que puede recorrerse libremente y un sistema con misiones principales (modo historia) y secundarias (pruebas de habilidad). Lo dicho, algo parecido a un GTA del profundo mar azul.
Lo malo, lo malísimo: la cantidad casi intolerable de bugs e, incluso, fallos críticos. Quien suscribe es capaz de perdonarlos, pero harán que más de uno maldiga cuando tenga que reiniciar su consola en mitad de una misión. Y eso sin tener en cuenta que la cámara es un auténtico dolor de cabeza, o que a veces se pierden los textos en pantalla que explican los objetivos. La calidad gráfica tampoco anima las cosas. Menos mal que nosotros amamos a Quasimodo por su corazón.