Y qué listos nos sentimos al exclamar cuánto disfrutamos con «la física» del Half-Life 2. « Mira, mira, ahora tiras una lata al suelo y rebota como si fuese de verdad ».
No hay nada más frustrante que intentar deslumbrar a una novia alfarera o a un hermano esquimal con la física del Half-Life 2 . « Sí, sí, ya, la lata rebota... ¿dónde está el chiste? ». El realismo en los videojuegos no nos acerca a los que los ignoran, sino que nos aleja más aún. Y todo esto nos lleva a dos conclusiones, no acerca de ellos (no hay nada cuestionable en que a alguien no le impresione un ladrillo falso reventando contra una pared irreal) sino acerca de nosotros (que somos los que lanzamos un ladrillo, y otro, y otro por el placer de ver cómo caen diferente).
1. El realismo físico de los videojuegos nos deslumbra más según el tiempo que llevamos en esto y en la medida en que sabemos que antes era imposible. No lo olvidemos. Piensen en la sensación que les invade cuando la novia alfarera les comenta jubilosa que « Por fin la terracota se puede cocer a toda velocidad ».
2. Esta tecnología, en su grado más perfeccionado, no nos va a seducir a través de la fantasía, sino simulando las minucias de las actividades más cercanas. No lo neguemos: un tanto por ciento importante de nuestro tiempo con el Half-Life 2 se invierte en romper botellas y pisotear latas. El cenit de la simulación digital llegará con el videojuego Vagabundo Esquizofrénico , en el que estaremos horas troceando con detenimiento una piel de mandarina... mientras nuestra novia se larga con otro.