Debutando con esa magnífi ca reformulación del beat’em-up que es Viewtiful Joe (2003), cabía esperar grandes cosas de Clover Studio, un pequeño departamento en el seno de Capcom que anteponía la originalidad frente a todo lo demás. A pesar de que en su breve producción la mayoría de lanzamientos se centran en secuelas y conversiones multiplataforma de su primer juego, sus dos últimos títulos han llamado mucho la atención: Okami ha resultado ser un juego a la altura de las expectativas, tan original como cabía esperar, mezclando deidades niponas con el cell-shading que tan buenos resultados les ha dado. Por su parte, God Hand se ha enfrentado a una recepción más bien fría por parte de la prensa, aunque promete hacer las delicias de los amantes del mamporro callejero. Capcom, amparándose en una mejor gestión de su capital intelectual, decide disolver Clover, y con él le da carpetazo a sus ideas a pesar de asegurarse la propiedad intelectual de sus franquicias. Y probablemente de franquicias va la cosa: a Capcom le resulta más rentable trabajar en una secuela de alguna de sus sagas consagradas (Resident Evil, por ejemplo), que invertir recursos en nuevas ideas o productos con cierto riesgo. Y así, sin esperar siquiera a ver los resultados económicos de los dos últimos lanzamientos (en Europa no verán la luz hasta febrero), toma una triste decisión. A partir de la disolución se abren las especulaciones, ¿redistribuirá Capcom a los que allí trabajaban en otros departamentos? Ateniéndonos a la nota de prensa esa es la conclusión, pero el rumor es que los integrantes de Clover Studio parecen tener claro cuál es el camino a seguir, y todo indica que van a protagonizar una fuga de cerebros similar a la que llevó a cabo Yoshiki Okamoto, ahora exitoso con su estudio Game Republic y su ya franquicia Genji, cangrejos gigantes incluidos. Sólo cabe esperar que sea para bien.