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20 razones para amar Dead Rising

31/10/2006

EL OMINOSO CULTO DEL CHUBASQUERO AMARILLO

20 razones para amar Dead Rising

Dead Rising se ha convertido en uno de los grandes éxitos de Xbox 360, y los motivos son numerosos: el sentido del humor, la ultraviolencia bien entendida, su radicalidad. En Xtreme hemos decidido desgranar las razones de su éxito. Con detalle. 20 razones para adorar la carne muerta.

La Reina
Frank llega a enfrentarse a verdaderos océanos zombi en una pugna absolutamente desequilibrada que es más común en los matamarcianos o en los beat’em-up clásicos que en el género aventurero al que está adscrito Dead Rising . Con ese referente, no es nada descabellado relacionar la idea de la reina de Dead Rising con la típica bomba especial o combo espectacular que tantas veces nos ha sacado de apuros en nuestras batallas interestelares o barriobajeras. Lo único que hay que hacer es atrapar una reina zombi, un bicho volador que pulula sobre las cabezas de algunos zombis, y que una vez reventada puede acabar con las vidas de decenas de nomuertos a su alrededor. No salgas sin ella.

Mano a mano
Está muy bien destrozar zombis con lo que encontremos en la ferretería, o a golpe de disco compacto, o partiéndolos en dos con certeros golpes de katana, pero a medida que subimos el nivel, Frank se convierte en una auténtica máquina de matar... ¡con sus propias manos! Desde lanzar a un zombi contra sus compañeros como un wrestler hasta girar con uno de ellos agarrado, con lo que tumba los que haya alrededor mientras el primero se despedaza. Movimientos espectaculares no faltan: desde un clásico suplex hasta agarrar la cabeza a un zombi y estamparla contra el suelo. El movimiento estrella es el destripe, un aberrante gesto mortal con el que Frank extrae los intestinos de un zombi como si poseyera el kung fu más poderoso del Universo. Quedarse sin armas en el centro de una marea zombi no es un problema.

Psicópatas
Con tanta gente encerrada en un centro comercial, y teniendo en cuenta que la gran mayoría de ella son zombis hambrientos, es una cuestión de estadística que cierto porcentaje de los todavía humanos esté como una chota. Por desgracia, Frank se cruza con todos ellos: desde unos presos que siembran el terror en Leisure Park y que parecen no darse cuenta de que los han matado al menos tres veces, hasta veteranos de la guerra de Vietnam con historias ultradramáticas que contar antes de morir, y eso por no mencionar frikis hartos de que la gente se ría de ellos, payasos que han perdido completamente la ilusión por su trabajo, o miembros de la Asociación Nacional del Rifl e ansiosos por volar cabezas, aunque éstas pertenezcan a seres todavía vivos. Pero hay más: sin duda las muertes más crueles y espectaculares de Dead Rising son las que protagonizan los psicópatas: desde el payaso destripado por sus propias motosierras deluxe, hasta el líder del Culto de los Chubasqueros Amarillos atravesado por la espada de una macabra escultura. Mención aparte para el encargado del supermercado que solicita que limpien esa zona antes de expirar. Y todo por no ser capaces de mantener la calma.

Estimados clientes, son las 19.00
Un zombi de por sí ya da miedo. Un centro comercial de varios kilómetros cuadrados lleno de zombis hasta los topes hace que una gota de sudor frío recorra nuestra espina dorsal. Y cuando creemos que tenemos cogido el pulso a los no muertos, llegan las 7PM, anochece en Willamette, y una cinemática anuncia un cambio en los zombis: para ellos es la hora del recreo, y nosotros somos su juguete. De repente se muestran más enérgicos y voluntariosos a la hora de hacerse con un pedacito de nuestra anatomía. Para intimidar aún más, sus ojos enrojecidos refulgen en la oscuridad. ¿Puede empeorar la situación? Puede: unas pocas horas más tarde, la electricidad del centro comercial se corta de forma automática, y la música de ascensor que nos acompañaba desaparece con la luz artifi cial, y no volverán hasta el día siguiente. La imagen de cientos de ojos rojos observándote en un lugar insalubre y oscuro cuando apenas tienes una pala y un montón de CD’s para defenderte es, como poco, inquietante.

Zombi Bullying
Puede ser una enorme pérdida de tiempo, pero es tan tremendamente divertido que el esfuerzo está plenamente justifi cado. Nada como colocarles una cabeza de peluche a una decena de zombis y contemplar cómo caminan sin rumbo, inofensivos. Similar resultado obtenemos si acertamos a plantarles una tarta en el centro de la cara. Ambas opciones tienen algo del comportamiento del abusón de la clase: los pobres tipos no tienen neuronas vivas sufi cientes como para quitarse aquello que les obstruye la visión, y si pudieran quejarse los partiríamos en dos con la katana. Si no fuera porque nosotros somos su almuerzo, se lo robaríamos. Sin embargo la humillación defi nitiva llega en forma de muerte absurda: el resultado de clavarles sin piedad una pera de ducha en la cabeza es, sencillamente, hilarante. Aunque a ellos no les hará ni pizca de gracia.

 

 

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